martes, 13 de septiembre de 2011

PAGLIACCI (Payasos) R.Leoncavallo

Parece un poco raro presentar “Pagliacci”, con un relato de enfermedades wagnerianas. Creo que la cosa tiene, por lo menos,  dos explicaciones: 1.- Haber leído recientemente, un libro del catalán Roger Alier y 2.- Considerar que el verismo italiano, tiene que ver con  las obras del teutón. El texto del crítico barcelonés, titulado “Sotto Voce”, ya lo conoceréis, pues está publicado hace tiempo. En él hay anécdotas, de las cuales la mayoría resultaban conocidas, para mi desgracia, porque lo que yo quería era que fuesen nuevas. No obstante lo cual, ha habido una que me ha hecho verdadera gracia. Esa es la que os voy a relatar, adaptándola con mis palabras. Como ya os habéis podido dar cuenta, siempre trato de buscar una pequeña controversia entre “wagnerianos” y “verdianos”.  

Conocéis de sobre que Cataluña es el lugar de España donde antes prendió la llama del wagnerianismo. Nunca se habían visto juntos tantos devotos del ídolo como allí. Hoy no han cambiado las preferencias, siguen, poco más o menos igual. Bien, nos dice el autor, que cuando empezó a extenderse la invasión de la música wagneriana en aquellas tierras, provocó (igual que lo haría una infección de otro tipo), que se produjeran poderosos anticuerpos con los que se intentaba combatir la enfermedad de “la dependencia de Wagner”.

Entre estos anticuerpos, se dio la circunstancia de que se publicara en 1894, un folleto anónimo, cuya intención clara era desacreditar, de forma graciosa, al movimiento recién nacido. Se asemejaba a otro que apareció en Francia. Pero este creador, añadió, al final del libro, algunas reseñas y observaciones, con el título genérico “De las enfermedades wagnerianas, de su tratamiento y de su curación. Obra histórica, filosófica, médica, y benéfica, escrita en francés, por el señor Dr. Cuniculus, y traducida al castellano y anotada por el Dr. Lapin, autor de la alocución que le precede y de la coda que le sigue”.

Como podréis ver, si me seguís, la exposición de las dolencias que produce el teutón, no está nada desaprovechada: “El mal wagneriano o mal alemán (malus germanicus), nació en Alemania hace unos cuarenta años [….] Se sabe que las enfermedades wagnerianas, reconocen por causa el abuso del licor tóxico inventado por Ricardo Wagner y conocido vulgarmente con el nombre de Wagneriana… […] Cierto que los primeros frascos de Wagneriana importados en Francia con las etiquetas de Tamhäuser y Lohengrin, eran relativamente inofensivos y que, sin gran peligro, podía hacerse de ellos un diario consumo. Pero poco después vinieron sucesivamente el elixir tetralógico, las cápsulas opiadas de Tristán y, por fin, el más terrible de todos esos venenos, la Parsifalina, de la cual bastan algunas veces unas cuantas gotas para desconcentrar los cerebros mejor equilibrados”.

Tras esta disertación, seguía diciendo: “Las enfermedades que provocan el contacto con la Wagneriana son cuatro, pero pueden atenuarse con vinos de marca de compositores españoles sin una gota de Bretón. Estas fases son: Wagneriola, Wagneriomanía, Wagneralgia y Wagneritis. La Wagneriola es la variedad más benigna, cuyo remedio más eficaz es Un sencillo emplasto de Mozart, aplicado sobre el estómago: eso basta para conjurar el mal. La Wagneriomanía, tampoco es muy grave pero hay que tener cuidado pues puede degenerar en Wagneralgia. Esta tercera fase es casi siempre crónica, y sus síntomas, aumentan con el tiempo y pueden llegar a ser violentos. El remedio contra esta afección está en baños de sonidos constantes, el jarabe de acordes perfectos y el agua pura de melodía, además, de cataplasmas emolientes de harina de Massenet sobre el abdomen. Cuando el enfermo está casi curado, se le sujeta al régimen de macarrones Rossini, de sopas Meyerbeer y fricciones con el bálsamo de Bach o de Händel. En casos graves, lo mejor son las inyecciones hipodérmicas con el clorato de Offenbach, y si por este medio se consigue provocar la risa, el enfermo está salvado”. 

Nos queda la cuarta fase, la más peligrosa: “La Wagneritis, sobre todo en el estado agudo, resiste a todo tratamiento. El abuso diario del elixir tetralógico, de las pastillas de Tristán y de la Parsifalina, produce fatalmente la locura furiosa, contra la cual, no existen más recursos extremos, que las duchas heladas y la camisa de fuerza. El wagneriano aquejado de este mal llega a no poder más que decir una palabra: Wagner, Wagner, Wagner. La muerte artística a corto plazo es consecuencia de este estado patológico. El análisis químico de la Wagneriana, da bicarbonato de leitmotiv, acetato de disonancia, partículas infinitesimales de melodía, una gran dosis de aceite esencial de fastidio y una sustancia espesa, turbia e indigesta, que creemos ha de ser la poesía germánica”. Espero que nadie se enfade demasiado por lo expuesto y de ser así, le pediría disculpas. Téngase en cuenta que, como siempre digo, lo único que pretendo es empezar la ópera con una sonrisa.

EL ARGUMENTO
Prólogo: Tonio, un payaso feo y deforme, sale de detrás de la cortina para decirnos que la historia que están a punto de representar es verdadera.

Llega a una pequeña aldea una compañía teatral ambulante y los aldeanos le dan la bienvenida. Canio, el cabecilla, anuncia que esa misma noche darán una función. Luego les invitan a un trago en la taberna. Tonio rehúsa y un aldeano insinúa que prefiere quedarse sólo para cortejar a Nedda, la esposa de Canio. Éste se molesta y pide que no se juegue con esas cosas.

Las campanas de la iglesia convocan a vísperas y la multitud se dispersa. A solas, Nedda se inquieta por los celos de su marido y al ver volar los pájaros, envidia su libertad. Aparece Tonio e intenta besarla pero ella, disgustada lo ahuyenta. Nedda, que es cortejada por Silvio, un aldeano a quien ya conocía, aborrece a su celoso marido y a la vida teatral. Tonio presencia una cita de la pareja y llama a Canio para que lo vea y Silvio escapa antes de que éste pueda identificarlo. El marido demanda saber la identidad del hombre, más ella no quiere decirlo.

Entonces la ataca con un cuchillo. Beppe se acerca para ayudarla. Cuando queda sólo, Canio se abruma por la infidelidad de su esposa. Comienza a sollozar pero debe interpretar a un payaso pese a que tiene el corazón roto. Los aldeanos se reúnen a las once de la noche, hora en que va a dar comienzo la representación teatral. Curiosamente, los personajes de la obra se encuentran envueltos en una situación muy similar: una historia de adulterio.

Arlequín (interpretado por Beppe) corteja a Columbine (Nedda) mientras el marido está ausente. Tadeo (Tonio) entra e intenta hacerle el amor a Columbine, pero Arlequín trepa por la ventana y lo ahuyenta. El esposo de Columbine, Pagliaccio (interpretado por Canio), aparece inesperadamente e interrumpe su encuentro con Arlequín, quien escapa por la ventana. De repente, Canio deja de actuar y reclama a Nedda la identidad de su amante. Ella no quiere nombrarlo, y él la mata con un cuchillo. Desde la audiencia, Silvio se apresura para ayudar a su amada, pero él también muere a manos de Canio.

EL AUTOR
Ruggero Leoncavallo (1857/1919) fue un compositor italiano, nacido en Nápoles. Realizó simultáneamente estudios de literatura y de música. Por esta razón,  siempre escribió él mismo los libretos de sus óperas. Se embarcó para Egipto aprovechando que un pariente suyo había conseguido allí una buena posición. Se le nombró director de la banda militar.

Ruggero Leoncavallo
Pero el estallido de una guerra contra los ingleses y la perspectiva de asistir a batallas al frente de la banda, le movió a desertar y huir a través del canal de Suez. Refugiado en París, donde malvivía de escribir canciones de cabaré, fue rescatado de tan indigente situación por el barítono Victor Maurel, quien le recomendó para que encontrara trabajo en Milán. Allí emprendió la composición de una vasta trilogía sobre el Renacimiento italiano y se puso a escribir una ópera sobre el poeta inglés Chatterton. Ambos proyectos no prosperaron.

Un concurso de la editorial Sonzogno hizo que compusiera “Pagliacci”. Pero no lo ganó porque su ópera tenía dos actos y era preceptivo que fuera de uno. No obstante, la casa organizadora, comprendiendo el valor de la obra, la hizo estrenar. Fue todo un éxito que, al igual que sucediera con Mascagni, no volvió a repetir. Después vinieron “La Bohème (1897), coincidiendo con Puccini que compuso su obra un año antes, y “Zaza (1900)”.

El Kaiser Guillermo I de Alemania le encargó una ópera, “Rolando de Berlín (1900)”, que parece ser que sólo gustó al Emperador. Luego se dedicó a la opereta, género en el que obtuvo algunos éxitos. Un último intento operístico ocupó sus últimos años y se estrenó póstumamente: “Edipo re (1920)”.

LA ÓPERA
Leoncavallo decidió escribir él mismo el libreto de “Pagliacci”. Para ello, no se basó en una obra literaria, sino que narró una experiencia vivida en su infancia. Su padre era juez y tuvo que sentenciar un asesinato por celos ocurrido en Montalbo di Calabria, durante una representación de cómicos ambulantes.

El músico no había presenciado los hechos pero si los había visto un criado de la familia, por lo que, el testimonio del compositor era pues, casi de primera mano. Su cultura literaria y su innato sentido del teatro, le llevaron a escenificar la historia con una gran habilidad y concisión. Hizo uso de la tradición italiana de la comedia del arte para situar a los cómicos en un adecuado ambiente de ficción, que contrastara con la cruda realidad de un asesinato en escena.

La trama, escueta y directa, no pierde el tiempo en divagaciones ni en anécdotas superficiales. Se encamina hacia el trágico desenlace a un ritmo preciso, concediendo algunos momentos de respiro. De este modo deja que el clímax se vaya formando en oleadas sucesivas hasta que estalla la tragedia y termina abruptamente la representación. Desde el punto de vista del libreto es interesante el Prologo. En él se anuncia que lo que el espectador presenciará no es ficción sino la realidad misma, escrita por el compositor “con la tinta de sus lágrimas” y con la música cuyos compases son “el ritmo de sus sollozos”.

Aunque la descripción parezca un tanto melodramática, lo cierto es que en la construcción de la obra, existe la voluntad de convertir la escena en un marco real. Además, en ese Prólogo introdujo un verdadero manifiesto musical en el que se explica el punto de vista de la escuela verista respecto al teatro. También estableció las pautas que seguirían después los otros compositores. Por todo ello, puede decirse que Leoncavallo hizo mayor aportación que Mascagni a la denominada “joven escuela”, más conocida como “verista.

Por haberse pasado de las filas del editor Ricordi a las de Sonzogno, esto motivo que el estreno de “Pagliacci” se realizara en un local secundario, como era el Teatro dal Verne. Tuvo lugar el 21 de mayo de 1892 bajo la dirección de Arturo Toscanini, con un rotundo éxito. De un modo parecido a “Cavalleria rusticana”, nuestro compositor tras el concluyente triunfo, se vio encumbrado a convertirse en jefe de la escuela verista junto con Mascagni. Sin embargo, y al igual que este último, no volvió a tener otro logro igual.

El resultado obtenido facilitó la rápida difusión de la ópera que, cuatro meses después del debut, se representaba en Viena, un poco más tarde en Berlín y antes de cumplir un año en Praga, Budapest, Londres, Madrid y Nueva York. La presencia de esta ópera en los repertorios internacionales no ha decaído nunca. Formando pareja con “Cavalleria”, su más habitual manera de aparecer, o bien adosada a algún otro título breve.

EL VERISMO Y LA ÓPERA
A finales del siglo XIX, el público estaba saturado de melodramas románticos. Por eso se hizo evidente la necesidad de renovación. Wagner, desde Alemania, dejaba sentir su influencia.

Era preciso, una vía intermedia entre las peculiaridades de la ópera italiana y las nuevas tendencias marcadas por el compositor teutón. El Verismo resolvió este problema y consiguió un estilo nuevo que sobrepasaba la mera acomodación. La renovación empezó por el aspecto literario: los libretos veristas buscaban situaciones realistas con personajes de la vida cotidiana.

La primera ópera Verista fue “Cavalleria rusticana (Caballerosidad rústica)”, pero el paso definitivo en la búsqueda del realismo lo dio nuestra ópera de hoy (“Pagliacci”). Su Prólogo, como ya se ha dicho, se considera un autentico manifiesto Verista. Otro punto sobre el que la escuela Verista insistiría repetidamente es “el teatro dentro del teatro”, plasmado por primera vez en la ópera que nos ocupa. Aunque ya se expusieron al hablar de la ópera de Mascagni, recordemos los principios por los que se rigen musicalmente las óperas veristas:

1.   Visión continua de la partitura considerada como un todo aunque se mantengan algunos números aislados.

2.   Utilización del leitmotiv o motivo recurrente para identificar personajes y momentos de la acción.

3.   Uso del Intermezzo orquestal que se hace habitual eliminando la Obertura, más formal. De este modo la orquesta también se hace protagonista.

4.   En el caso de”Pagliacci”, contraste entre el mundo real, con frases intensas, prolongadas y lineales, frente al mundo de la comedia presentado con una gavota galante.

LOS PERSONAJES
El personaje de Canio debe ser interpretado por un “tenor de fuerza” con poderosos agudos aunque el papel permite que un tenor de menos fuerza pueda salir airoso del mismo. Sus intervenciones son numerosas y exigen impulso y dedicación. Canio, como director de la compañía, es déspota y a veces brutal, pero en el fondo, se trata de un ser humano resignado ante su suerte, mayor en edad que su esposa y a quien ama con pasión.

Nedda es un papel para soprano lírica aunque en las escenas finales debe hacerse oír sobre una orquesta densa. Su intervención no está marcada por grandes agudos. Ella teme el amor posesivo de su marido y está cansada de la dura vida itinerante. Quiere ser libre como un pájaro.

El intérprete de Tonio debe ser un barítono que, si canta su parte como está escrita, no ofrece dificultades insalvables. Pero es costumbre en el Prólogo utilizar agudos no apuntados por el autor, con lo que se complica un poco su rol. Debe interpretar este papel un buen actor para defender adecuadamente al peligroso payaso jorobado fuera de escena y sobre ella. Él ama a Nedda y, al principio, su comportamiento es casi respetuoso. Pero al sentirse humillado, se encoleriza y se convierte en un ser vengativo sediento de revancha.

Silvio debe ser defendido por un barítono lírico. Rol no muy extenso pues casi se limita a un dúo con la protagonista. En carácter, el amante de Nedda es un hombre melancólico y siempre se acerca a ella triste y lleno de amor.

Beppe debe ser cantado por un tenor lírico-ligero o ligero, destinado, sobre todo, al papel de Arlecchino de la comedia, donde tiene su única página de lucimiento.

El Coro cuenta con importantes intervenciones y la orquesta ha de acometer pasajes de gran fuerza y belleza.

FRAGMENTOS DESTACADOS
1.- Prólogo: El barítono, que luego interpretará el papel de Tonio, se presenta ante el público antes de alzarse el telón, después de una breve introducción orquestal en la que aparecen diversos temas recurrentes. En este fragmento el cantante debe superar el obstáculo de los agudos, no escritos, pero que ha impuesto la tradición.


2.- Coro de aldeanos y payasos: Alegre entrada de los payasos seguidos de la gente del pueblo, que conoce ya a los artistas y anticipa las bromas de un espectáculo popular.


3.-Nedda: Aria y Balatella. Parece un recitativo seguido de Aria pero, en realidad, es una pieza lírica con una segunda parte de aspecto danzante. La balatella introducida por el canto de los pájaros, tiene una lejana resonancia wagneriana. Termina con el clímax verista típico.


4.- Canio: Aria. Esta es la parte más conocida de la obra a cargo del tenor. El personaje divaga sobre su profesión de entretener al público incluso cuando sufre como ser humano. Un largo y sentido pleno orquestal pone fin al acto primero.


5.- Intermezzo: Sólo orquestal característico para separar el primer acto del segundo. Utiliza un tema del Prólogo y las oleadas musicales de fin del mismo.


6.- Escena: Brillante pasaje coral con frases disimuladas de Silvio y Nedda que preparan su fuga cuando termine el espectáculo.


7.- Beppe: Serenata de Arlecchino. Beppe disfrazado de Arlecchino, canta una serenata con violín en pizzicato para que parezca una mandolina. La instrumentación es fina y delicada.


DISCOGRAFÍA
Este es el AUDIO que recomendamos:
Pagliacci - Ruggero Leoncavallo 
Año de grabación........... 1971
Director..........................Nello Santi
Canio..........................   Plácido Domingo 
Nedda .........................  Montserrat Caballé 
Silvio ...........................  Barry McDaniel 
Tonio ..........................  Sherrill Milnes 
Beppe .........................  Leo Goeke 
Orquesta ..................... London Symphony
Coro ........................... John Alldis Choir
Grabado en estudio

Y para el VÍDEO, éste:
Pagliacci - Ruggero Leoncavallo 
Año de producción............. 1983
Director.....................Georges Prêtre
Canio .....................  Plácido Domingo 
Nedda ...................  Teresa Stratas 
Silvio   .....................Alberto Rinaldi 
Tonio   .....................Juan Pons 
Beppe  ................... Florindo Andreolli 
Un contadino ........  Alfredo Pistone 
Un altro contadino   Ivan del Manto 
Orquesta: Teatro alla Scala di Milano
Coro: Teatro alla Scala di Milano
Grabado en estudio

viernes, 24 de junio de 2011

ORFEO ED EURIDICE (Gluck)

Christoph Willibald Gluck (1714/1787), ha pasado a la historia de la música, por ser junto con el poeta y libretista Raniero di Calzabigi (1714/1795), el reformador de la ópera. Sí, pero ¿En Qué y Cómo hace la reforma? Creedme que he oído hablar mucho de ella, pero nunca había llegado a profundizar demasiado. Hasta que cayó en mis manos, el manifiesto de “Alceste”. ¿De qué hablará este? Os estaréis preguntando. Para eso hay que hacer un poco de historia. Las reseñas de la ópera nos dicen que es muy raro que un compositor, cuando publica impresas sus obras, aproveche la primera página, para hacer un manifiesto. Este es el caso que nos ocupa. El músico es Gluck y la obra impresa fue “Alceste”.

Seguramente, es un acontecimiento único. Creo que nadie lo ha repetido. Tan sólo existe otro suceso parecido: el de “Pagliacci”. Pero Leoncavallo, su autor,  hace la proclama de la escuela verista, dentro de la ópera y no en la partitura. Pero, volvamos a lo que importa. Me ha parecido tan importante el escrito de Gluck, que voy a tratar de incluirlo aquí. No sé si lo pondré entero, porque es muy largo. Dejo constancia de él, por ser muy clarificador: Cuando acepté componer la música de Alceste, me propuse despojarla completamente de todos los abusos que, introducidos por la malentendida vanidad de los cantantes, o por la excesiva complacencia de los maestros, desfiguran, desde hace tiempo la ópera italiana y vuelven ridículo y aburrido, al más grandioso y más bello de todos los espectáculos".


“Pensé reducir la música a su verdadero oficio de servir a la poesía, por la expresión y la situación de la fábula, sin interrumpir la acción, ni entibiarla con inútiles adornos superfluos, y creí que debía proceder como un pintor, que sobre un correcto y bien compuesto dibujo, dispone la vivacidad de los colores, y el bien repartido contraste de luces y sombras, realzando, con ello, las figuras, sin alterar sus contornos”.

“No quise pues, ni interrumpir a un actor, en el calor del diálogo, para imponer un enfadoso ritornello, ni detenerle en mitad de una palabra, para acentuar una vocal favorable, ni permitirle alardear en un largo pasaje, de la agilidad de su hermosa voz o esperar que la orquesta le diera tiempo a recobrar el aliento con una cadencia. Tampoco creí deber, precipitar la segunda parte de un aria, aunque fuese la más apasionada e importante, para dar lugar a repetir regularmente, cuatro veces la letra de la primera, y concluir el aria en un punto, en que acaso no terminaba el sentido del discurso, para permitir que el cantante mostrase su habilidad, en variar, una y otra vez, un pasaje a su capricho.”

“Traté, en suma, de desterrar todos los abusos que, de mucho tiempo a esta parte, dañan el buen sentido y la razón. Pensé que la Sinfonía- Obertura- debe preparar a los espectadores para la acción que va a representarse, e insinuar, por así decirlo, el argumento de la obra. Creí que mi mayor trabajo, debía aplicarse a buscar una bella sencillez; y evité hacer alarde de dificultades, en perjuicio de la claridad; con todo, no juzgué despreciable, el descubrimiento de alguna novedad, siempre que fuese, naturalmente suministrada por la situación y la expresión”.

“He aquí mis principios. Por suerte, se prestaba a maravilla a mi propósito, el libreto en el que, el célebre autor, imaginando una nueva exposición dramática, había sustituido, los floreos, las descripciones, los parangones superfluos, y las sentenciosas y frías moralejas, por el lenguaje del corazón, las fuertes pasiones, las situaciones interesantes, y un espectáculo, siempre variado. El éxito ha justificado mis ideas y la universal aprobación, en una corte tan ilustrada, ha puesto de manifiesto que, la simplicidad, la verdad y lo natural, son los grandes principios de lo bello, en todas las producciones de arte. Con todo ello y, a pesar de las reiteradas instancias de personas, altamente respetables, para determinarme a publicar impresa mi ópera, sentí todo el riesgo que se corre, al combatir prejuicio amplia y profundamente enraizados (Viena, 1767)”.

EL ARGUMENTO
El afligido Orfeo llora con desconsuelo sobre la marmórea losa que cubre los restos mortales de su amada Eurídice, fallecida recientemente. Orfeo está dispuesto a realizar cualquier sacrificio por enorme que sea, y afrontar el más espantoso peligro, con tal de rescatar de su tumba a su hermosa esposa. Se ofrece a los dioses, les invoca suplicante y les increpa por lo crueles que con él han sido. Como respuesta a sus palabras, se le aparece el dios Amor, que acude a su conjuro.

Éste informa al desesperado mancebo que el omnipotente Zeus ha oído sus lamentos e imprecaciones. Enternecido por su dolor, le permite llegar hasta el mundo lejano e invisible de los dioses y las furias, donde podrá luchar para recobrar a su amada. Primeramente deberá vencer la resistencia de Plutón y los espíritus malvados que le rodean, quienes tratarán de impedirle la entrada a la mágica región. Para luchar con ellos no debe emplear otra arma que el encanto de su voz y la seducción de sus canciones.

Otra advertencia importante, es que una vez encuentre a Eurídice, no puede mirarla hasta que hayan atravesado las aguas de la laguna Estigia. De no hacerlo así, su prometida moriría, de nuevo, esta vez irremisiblemente. Orfeo acoge con gran júbilo el mensaje de los dioses, dándoles las gracias por haber atendido su ruego e implorando su ayuda para la arriesgada empresa que va a iniciar.

Aparece Orfeo en la entrada del averno y es amenazadoramente recibido por las Furias que habitan en la lobreguez del antro, condenadas a montar guardia eternamente. Ellas lo increpan por haber llegado hasta allí y tratar de penetrar en aquel infernal paraje, cuyo paso está vedado a los mortales. Las amenazas son cada vez más inquietantes con repetidos gritos de ¡No! El atemorizado Orfeo, recordando las palabras del dios Amor, entona una dulce canción en la que expresa su infinita pasión por Eurídice y la honda pena que le ha causado su muerte.

Amansadas por el hechizo de la música y el son cristalino de la voz del cantante, las Furias se apiadan de sus pesares y finalmente le dejan pasar, pero sólo para que pueda encontrar a su amada y recobrarla. Se abren las puertas de los Campos Elíseos, valle paradisíaco, en donde los espíritus bienaventurados,  vagan libremente gozando de la paz y la dicha que han merecido sus vidas ejemplares.

Allí Orfeo encuentra a Eurídice y su primer deseo es abrazarla. Pero recordando la severa advertencia del dios Amor, se contiene y tomándola de la mano se la lleva a la laguna Estigia, única salida del reino de las sombras. Ella le sigue dócilmente, aunque muy extrañada de la inexplicable actitud de su amado, pues en lugar de demostrar su contento, la arrastra impetuosamente sin prodigarle ni una sola mirada de afecto.

Orfeo, que ha soltado por un instante la mano de su esposa, continúa avanzando en su camino, sin detenerse y llamando a Eurídice para que le siga. Sabe que las pantanosas aguas de la fatídica laguna no están lejos. No quiere perder tiempo.  Debe atravesarlas cuanto antes y alejarse así de aquellos parajes de maldición. Mas la intrigada doncella continúa sin comprender el porqué de aquel extraño comportamiento. Está perpleja de la aparente indiferencia de su amado.

Deteniéndose de pronto, se niega a dar un paso más si éste no la mira y le jura que la quiere. Es preferible regresar a donde estaba, que retornar al mundo de los vivos sin poseer su cariño. Orfeo trata en vano de resistir a este amoroso llamamiento. Olvidando la prohibición de los dioses y no obedeciendo más que al impulso de su corazón de enamorado, se vuelve repentinamente y estrecha a Eurídice entre sus brazos. Inmediatamente la bella muchacha desfallece sin vida. Nuestro protagonista, desesperado, intenta suicidarse pero detiene su mano el dios Amor, quien, en recompensa por tanto sufrimiento, le devuelve de nuevo a Eurídice. Todos festejan el triunfo del amor.

EL AUTOR
El compositor alemán Gluck, se formó en la Universidad de Praga, donde estudió derecho, aunque se inclinó luego por la música, que había aprendido en su infancia. Pasó a Viena y gracias a un noble lombardo, pudo estrenar sus primeras óperas, debutando en Milán con “Artaserse (1714)”. Se hizo notar por su contención y su sobriedad en la ornamentación musical.

Después marchó a Londres y allí estrenó “La caduta  dei giganti (La caída de los gigantes)”. A continuación, se fue a Copenhague con una compañía italiana donde se distinguió con algunas óperas.
C. W. Gluck

Se estableció en Viena y un matrimonio con una dama rica, lo liberó de la servidumbre de componer a toda prisa, y le abrió las puertas de la corte, donde fue profesor de música de los hijos de la emperatriz Maria Teresa. En la biblioteca imperial, encontró óperas francesas y decidió ensayar esta manera de componer, alcanzando éxito con algunas de ellas.

Durantes estos años Gluck entró en contacto con el libretista italiano Ranieri di Calzabigi con el que compartía ideas respecto a la reforma de la ópera barroca, famosa por sus abusos ornamentales. Su primera ópera reformada fue la que nos ocupa (“Orfeo ed Euridice”). Poco después decidió intentarlo con una segunda, “Alceste (1767)”. En la edición de su partitura publicó un manifiesto- el primero en la historia de la ópera- en el que defendía sus ideas.

Un tercer intento, “Paride ed Elena (1770)”, lo convenció de que la renovación sólo podía tener verdadero éxito, en un país como Francia, pues muchos de sus principios, se parecían a los de Lully y Rameau. Una de sus alumnas, María Antonieta, era ahora delfina de Francia, por lo que pudo viajar a París y se le abrieron las puertas del teatro de La Ópera. Allí estrenó “Iphigénie en Aulide (1774)”,y dos versiones nuevas, una del “Orfeo (1774)” y la otra de “Alceste (1776)”.

Al llegar a París, se convirtió en el apoyo de los partidarios de la ópera francesa frente a la italiana, defendida por lo enciclopedistas. Esto es lógico, si consideramos que Gluck tendía, en sus composiciones, al uso de arias más cortas- en lugar de las “da capo”- e incluía en ellas el ballet y la pantomima.

Se generaron dos bandos enfrentados,  capitaneados respectivamente por Gluck y el compositor italiano Nicolà Piccini. Ambos se pusieron como deberes el componer una ópera con el mismo argumento. Así surgió la obra cumbre de la reforma gluckiana, “Iphigénie in Tauride (1779)”, la única de las dos escritas sobre el tema, que ha resistido el paso del tiempo. Un ataque de apoplejía le decidió volver a Viena, donde cultivó la amistad de los Mozart y allí murió de un nuevo ataque.

LA ÓPERA
En la época barroca dominaban los libretos de Metastasio, que habían tenido un éxito sin precedentes, y constituían la base de la ópera seria. Sin embargo, ya en los tiempos de Gluck, los espectadores empezaban a demandar otro tipo de argumentos que resultaran más creíbles, en contraste con los existentes, que adolecían de falta de autenticidad. Algo semejante puede decirse de la música,  que se convirtió en una serie de piruetas vocales que, en la mayoría de los casos, no se correspondía ni venía a cuento, con lo que estaba sucediendo en el escenario. Gluck se propuso remediar estos excesos con su famosa reforma. En definitiva, se trataba de impulsar un cambio de gusto estético, en la transición entre el barroco y el clasicismo. Así, “Orfeo ed Euridice” fue la primera ópera de la reforma, pero no sigue por completo la totalidad de sus preceptos, que aparecerían después, y que esquemáticamente son los siguientes: 

  1. La música debe servir al texto sin interrumpir la acción.
  2. Deben rechazarse fórmulas abusivas de la ópera italiana que detengan el discurso dramático.
  3. La obertura tiene que prevenir a los espectadores acerca del argumento.
  4. El compositor necesita dejarse guiar por el libreto y la expresión dramática.
  5. Ha de buscarse siempre la bella simplicidad, evitando hacer exhibición de detalles innecesarios.
El proceso de gestación de la obra no se conoce con exactitud. Sólo se sabe que Calzabigi había escrito ya el libreto. Lo entregó al director de los espectáculos de la corte imperial de Viena y eligieron a Gluck para musicalizarlo. Luego coincidió que compositor y escritor, compartían las mismas ideas respecto a la ópera. La base argumental de “Orfeo ed Euridice” parte del mito clásico: Ella muere mordida por una serpiente. Orfeo la rescata del reino de las tinieblas. Como él no cumple lo estipulado, la joven retorna al mundo de los muertos para siempre.

El argumento parte de dicha trama pero cambiando el principio y el final. En el primer caso, porque  empieza cuando ya está enterrada. En el segundo, para aproximarse a un final feliz, con la intervención milagrosa del dios Amor.

Al libreto se le puede calificar de sencillo, con la acción clara y sin complicaciones, y toda ella desarrollada en escenarios naturales. Representa la sublimación del amor conyugal.

En cuanto al lenguaje, Calzabigi optó, como modelo a imitar, la simplicidad y el sentimiento de la naturaleza del escritor clásico Virgilio, sazonado con alguna expresión dantesca. Por lo que se refiere a Gluck, se sabe que la composición la llevó a cabo a partir de los primeros meses de 1762, y que los ensayos de la obra transcurrieron en el verano de ese mismo año, por lo que en esta última fecha, tenía que estar ya compuesto.

Buscando una mayor expresividad, el músico abandonó el recitativo seco (sólo con clavecín) por el acompañamiento de la orquesta. Esta última por su parte, desempeña un papel capital, ya sea acompañando, ya en solitario o subrayando la psicología de los personajes y el Coro. En general, puede decirse que, con esta obra, la riqueza de la orquesta operística aumentó considerablemente.

Por el carácter primerizo dentro del conjunto de óperas reformadas, no puede exigirse al “Orfeo ed Euridice”, una adhesión absoluta a sus preceptos. Así, la Obertura, no guarda relación alguna con la obra, existe un final feliz que la  hace más convencional y hay un uso de repeticiones, heredado del bel canto barroco. Pero al lado de estos ejemplos, hay otros que sirven para demostrar que,  es un paso importante en el camino de la reforma y estos son: su concisión, el que existan sólo tres personajes y el uso del Coro y la Danza, como parte integrante del desarrollo dramático.

LAS VERSIONES
Orfeo ed Euridice”, ha sufrido a lo largo del tiempo tantos cambios que, no puede hablarse de una, sino de varias versiones con sus respectivos estrenos. 

  1. Versión original de Viena: Con libreto en italiano de Ranieri di Calzabigi, fue estrenada en el Burgtheater de Viena el 5 de octubre de 1762, para festejar el cumpleaños del emperador Jose II e interpretada por un contralto castrado (Gaetano Guadagni). Otras representaciones se ofrecieron los días 10 y 21 de octubre  y el 11 de noviembre. Dada su brevedad, se representó junto con otras obras de relleno. En los ensayos, Gluck se mostró muy exigente e incluso muy violento, reprendiendo a los artistas hasta la exasperación. Al estreno acudió la corte, la nobleza y todas las grandes personalidades de la capital del imperio. El éxito no fue inmediato pues causó sorpresa lo novedoso de la obra. Una vez asimilada, hizo furor y se difundió con rapidez por otros teatros. 

  1. Versión de Parma: Se representó también en esta ciudad en 1769 junto a otras obras para completar el espectáculo. Cantada por el soprano castrado Giuseppe Milico, Gluck tuvo que elevar el tono de su partitura para adaptarla a su voz.

  1. Versión de Londres: En Londres y en el año 1770, fue protagonista, de nuevo, Gaetano Guadagni, quien, debido a la excesiva brevedad de la obra, decidió añadirle más música compuesta por Johan Christian Bach, uno de los hijos del famoso compositor.

  1. Versión de París: Traducida al francés y revisada por Gluck, que alteró la instrumentación original, añadiendo nueva arias, se estrenó el 2 de agosto de 1774 en la Academia Real de Música de París. El papel de Orfeo pasó a ser cantado por un tenor muy agudo (haute-contre), de modo que el compositor se vio de nuevo obligado a transponer la partitura a un tono más alto. El éxito fue extraordinario y se hicieron cuarenta y siete representaciones seguidas. Tanto los amigos como los enemigos del compositor coincidieron, por una vez, en que el “Orfeo” francés, era un verdadero logro artístico.

  1. Versión de Hector Berlioz: Con destino al Teatro Lírico de París, Berlioz preparó- ayudado por un joven Saint-Saëns- una versión que, musicalmente, se parecía al original de Viena, manteniendo el  libreto en francés. Aprovechó parte de la nueva música que Gluck había compuesto para, el estreno parisino, y transcribió la parte del protagonista, para una contralto. Tuvo ocasión de tener a su disposición a Paulina Viardot-García, una cantante extraordinaria y con mucho temperamento artístico. El estreno de esta versión se produjo el 18 de noviembre de 1859 y produjo una impactante sensación. De 1859 a 1863, Paulina Viardot cantó el Orfeo, ciento treinta y ocho veces. Retraducida al italiano, y publicada en la segunda mitad del siglo XIX por Ricordi, en Italia, y por Novello, en Inglaterra, es la que se ha mantenido hasta nuestros días.
LOS PERSONAJES
Esta ópera se ha representado en todo el mundo y en todos los tiempos. Ha favorecido su presencia la economía de medios que requiere con sólo tres personajes, o cuatro si contamos al coro, con una escenografía sencilla y con la elegante música de Gluck. 

  • Orfeo, el cantor de la Tracia, esposo fiel y enamorado de la ninfa Euridice. Inicialmente pensado para un castrado, después reescrito para un tenor alto, a continuación se adaptó para una mezzosoprano, para acabar cantándolo en nuestros días algunos contratenores. Existe también una versión para barítono. De modo y manera que, este papel, puede ser cantado por todos los registros, tanto de hombre como de mujer, a excepción del bajo.
  • Euridice, la ninfa amada por Orfeo, cuya muerte lo mueve a bajar al mundo subterráneo para rescatarla. Papel para soprano lírica.
  • El dios Amor, que ayuda a Orfeo a recobrar a su amada de la muerte. Rol para soprano lírica.
  • El Coro está concebido en el sentido clásico, pues funciona como un personaje más de la acción.
  • Por otra parte el Ballet, no lo es tanto en el sentido estricto, pues se ha transformado en pantomima, y tiene un papel activo indispensable.
FRAGMENTOS DESTACADOS

  1. Orfeo: Aria. “Chiamo il mio ben così (Llamo así a mi bien)“. De elevada belleza melódica, es de carácter lamentoso y se basa en tres estrofas relacionadas entre sí. Un canto doliente a la ausencia de su amada. Basten sus palabras: “Llamo así a mi bien/ cuando el día amanece/ cuando se oculta/ pero es inútil mi dolor/ el ídolo de mi corazón/ no me responde”.


  1. Orfeo: Recitativo. “Numi!, barbari numi (¡Dioses!, bárbaros dioses)”. Orfeo inicia un pausado recitativo, acompañado por las cuerdas, en el que se dirige a los dioses, por haberle arrebatado a su esposa.

  1. El dios Amor: Aria. “Gli sguardi tratieni (Contén las miradas)”. Tiene un esquema tripartito. Su encantador tema principal, es expuesto por dos oboes acompañados del pizzicato de las cuerdas. La mejor intervención de este breve papel, que se muestra como el personaje más rococó de la ópera.


  1. Descenso al Averno: Se trata de una sucesión alternada de Coro y parte solista de Orfeo, combinada con ballet y pantomima, que explica el enfrentamiento del protagonista con las Furias infernales. Aquí solo se presentan dos coros:”Misero giovane (Mísero joven)” y “Chi mai dell’Erebo (¿Quién al Averno?)”.


  1. Danza de las Furias: Sugiere a la perfección el ritmo frenético al que, se supone,  están sometidas las Furias, gracias a rápidas gamas de las cuerdas con llamadas de los trombones que hallan respuesta en los oboes.


  1. Ballet de los espíritus afortunados: Sigue un esquema tripartito. El primer tema nos introduce en el ambiente etéreo de los Campos Elíseos y es expuesto por las flautas y las cuerdas. Le sigue el célebre solo de flauta,  acompañado por el susurro de los violines, de una fuerza poética inigualable. Después la orquesta reemprende el primer tema.


  1. Euridice: Recitativo. “Qual vita è questa? (¿Que vida es esta?)”. Tenso recitado acompañado por la cuerda, y con fuerte sabor dramático. Euridice se pregunta, si merece la pena vivir con lo que, aparentemente, califica de desdén por parte de Orfeo y que, en realidad, no es más que cumplir las instrucciones recibidas de no mirarla.


  1. Dúo: “Vieni segui i miei passi (Ven, sigue mis pasos)”. Es el comienzo del acto tercero y el único dúo formal de la obra, ya que “Che fiero momento”, es más bien un aria da capo, con acompañamiento de Orfeo a intervalos. Como toda la música de Gluck es de una gran belleza melódica. 


  1. Orfeo: Aria. “Che farò senza Euridice? (¿Que haré sin Euridice?)”. Nos hallamos ante la página más célebre de toda la ópera junto con el “Ballet de los espíritus”. Acompañada, tan sólo, por los instrumentos de cuerda, expresa todo el desconsuelo del protagonista,  con un lirismo fuera de serie.


10.      Coro: “Triunfi amor e il mondo intero (Triunfe amor y el mundo entero...)”. La orquesta, expone un tema triunfal, y Orfeo empieza a cantar, seguido del Coro que le imita. Siguen dos breves intervenciones de Amor y Euridice, separadas por intervenciones corales,  que retomarán el mismo tema a modo de jubilosa conclusión.

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DISCOGRAFÍA
Por no poner la misma grabación para el video y el audio, vamos a  diversificar con este AUDIO:

Orfeo ed Euridice - Christoph Willibald Gluck
Año de grabación………………1998 
Director……………………Peter Maag
Orfeo ……………………  Ewa Podles 
Euridice  ………………… Ana Rodrigo 
Amore …………………..  Elena de la Merced 
Orquesta………………… Sinfónica de Galicia
Coro………………………Comunidad de Madrid
Grabado en estudio

Y este VÍDEO del que también existe grabación en CD:

Orfeo ed Euridice - Christoph Willibald Gluck
Año de Producción………………1982
Director…………………Raymond Leppard
Orfeo .........................  Janet Baker 
Euridice .....................  Elisabeth Speiser 
Amore  ........................ Elizabeth Gale 
Orquesta y Coro...... Festival de Glynderbourne
Grabado en directo