viernes, 16 de diciembre de 2011

MADAMA BUTTERFLY (G. Puccini)

Como intento hacer, casi siempre, para procurar sea un poco más atractiva la lectura de las distintas óperas, va por delante, otra anécdota divertida. Ocurrió en Londres en el año 1950 y en el Sadler’s Wells Theatre, durante una representación de “Rigoletto” de Verdi.

Nuestro jorobado protagonista estaba a punto de echar al río el saco conteniendo, no el cadáver de su enemigo, como él creía, sino el de su amada hija Gilda.

Mientras el cantante alcanzaba el momento de mayor tensión de la tragedia, el público comenzó a reír. Era un gatito que, vagabundeando por el escenario, fue a parar hasta el saco que contenía el “cadáver” y lo estaba venga a arañar con sus uñas. Cada vez que esto sucedía y como es lógico suponer, el saco se movía y se notaba que temblaba. Esta situación duró hasta que el cantante encontró el momento justo de espantar al animal del escenario con un empujón.

EL AUTOR
En la vida de Giacomo Puccini, el comienzo del siglo XX, coincidió con el inicio de un periodo difícil. Su ultima ópera, estrenada en 1900, Tosca, consiguió un éxito de público, pero la critica le había sido reticente. Puccini se sentía obligado a redimirse, con una obra  que fuera un éxito inequívoco, no discutido por nadie, ni los espectadores ni los medios especializados.

Pero durante los años siguientes, sufrió un acceso severo de bloqueo, y fracasó una y otra vez en la elección de un tema que estimulara su imaginación. Los cuatro primeros años del nuevo siglo, estuvo estudiando varias posibilidades, que iban, desde lo cómico (“Cyrano de Bergerac”), a lo épico (“Los miserables”), pasando por lo rotundamente sádico (“La mujer y el títere”).

 Pero lo obra que finalmente surgiría, de este periodo de angustia y reflexión, sería algo mucho más íntimo y doloroso de lo que hubiera resultado elegir, cualquiera de las otras posibilidades. A lo largo de estas líneas, veremos las vicisitudes por las que tuvo que atravesar.

Para completar esta sección, antes de empezar con la ópera, hablemos un poco de Puccini. Estoy seguro que lo que digamos, nos va a entretener.

Giacomo Puccini
Nuestro estimado compositor, de muchachito, era hábil para disimular faltas. En una ocasión, vendió algunos tubos del órgano de la iglesia en la que aprendía el oficio. Conectó los restantes para que no se echaran en falta. Pero, a la postre, el organista suplente descubrió el robo.

A los dieciocho años, marchó a pié, desde Lucca a Pisa, para ver una producción de “Aida”, que se estrenaba en aquella ciudad. Fue tal el impacto que recibió, que eso le hizo dedicarse a la composición de óperas. Hasta entonces, era un muchacho que tenía talento musical, sin dedicarlo a nada específico. Era poco estudioso y un poco engañador.

Se enamoró de una mujer casada, y al no existir entonces el divorcio, hubo que esperar para formalizar su unión, hasta que ella enviudó. Convivir, sin casarse, en un pueblo de tradición religiosa, no le tuvo que ser fácil.

Sardou y Puccini
Todavía empeoró más la situación con un problema de celos de ella. Le achacaba a Puccini que se entendía con una criada. Lo primero que hizo fue despedirla. Luego se dedicó a difamarla, hasta tal punto que, la sirvienta, se suicidó. En la autopsia, se demostró la inocencia de nuestro compositor: la joven era virgen.

Para ir concluyendo, decir que, justo antes del estreno de “Madama Butterfly”, Puccini, que era muy aficionado a los incipientes coches de entonces, a toda la vida mundana, a todo lo que significara novedad y, también, a las mujeres, tuvo un accidente de automóvil, que le dejó varios meses sin poder moverse adecuadamente.

EL ARGUMENTO
El teniente Benjamín  Franklin Pinkerton, destinado en el buque estadounidense Abraham Lincoln, que está atracado en el puerto de Nagasaki, se va a casar con Cio-Cio-San, conocida como Madama Butterfly, una geisha japonesa de 15 años. El casamentero Goro ha arreglado la boda y rentado una pequeña casa en la colina para que viva la pareja. Sharpless, el cónsul americano, un hombre amable, ruega a Pinkerton que renuncie a su plan.

La ley japonesa permite al marido deshacer la boda simplemente dando el vínculo por roto. El teniente tiene pensado abandonar a la pobre japonesa cuando regrese a América, aprovechándose de la ley. Pero la chica cree de verdad que el casamiento va a ser una unión duradera. La novia aparece alegre y sonriendo junto a sus amigas, las otras geishas. Sharpless se entera de que ha renunciado a la fe de sus mayores para mostrar confianza al futuro marido. Ya no podrá regresar con su propia gente.

Pinkerton sabe que es la hija de un desgraciado samurai que tuvo que suicidarse porque lo mandó el Mikado. La pequeña huérfana, fue vendida para ser entrenada como geisha. Los dos firman el contrato de matrimonio y los invitados brindan por la joven pareja. Aparece un tío de la novia que es monje budista.

Pronuncia una maldición contra ella por haber tomado la fe del extranjero, y pide a sus amigos y parientes que la abandonen.

El teniente, irritado, mete prisa a los invitados para que se vayan. Ellos salen enfadados. El nuevo marido requiebra con palabras de amor a la novia, y ambos comienzan una nueva vida juntos. Han transcurrido más de tres años. Pinkerton, hace tiempo que ha regresado a los Estados Unidos, con la promesa de regresar “cuando los petirrojos aniden nuevamente”. Suzuki, la fiel sirviente, sospecha que la ha abandonado y así se lo dice a Butterfly pero ella le reprocha su poca fe.

Sharpless ha sido designado por Pinkerton para contarle a Cio-Cio-San que se ha casado con una mujer americana. Quiere leerle la carta que el marino ha preparado para ese fin pero ella no le da oportunidad, divagando sobre cuestiones diversas. Al final, el Cónsul le pregunta brutalmente que haría si Pinkerton no volviese jamás. Butterfly siente una gran sacudida de dolor y afirma que se ganaría la vida cantando por las calles o buscaría la muerte.

Sharpless le sugiere que acepte la propuesta de casamiento de Yamadori, un rico pretendiente llevado por Goro y enamorado de la geisha. Ella, muy ofendida, le responde que ya está casada. Pero, finalmente, comprende que él ya no la quiere. Entra en casa y sale con un niño de tres años. “¿Podrá olvidar esto?”, pregunta con toda intención. El Cónsul se va preocupado, prometiendo que lo pondrá en conocimiento de Pinkerton.

Suzuki y Butterfly descubren a Goro rondando la casa y lo echan sin contemplaciones. De pronto se oye un cañonazo. Es una nave que entra. Con ayuda de un telescopio Cio-Cio-San lee el nombre del barco: es el de Pinkerton, el “Abraham Lincoln”. Butterfly estalla en una manifestación de gozo. Ella tenía razón y no los agoreros que decían que la había olvidado. Ordena a Suzuki que recoja todas las flores del jardín. Decoran la casa con ellas y se visten de gala las dos mujeres y el niño. Sentadas, pasan la noche en vela aguardando al marino. Se oye un coro de pescadores a boca cerrada.

Es de día. Por la larga espera, los tres personajes se han quedado dormidos. Se despierta Suzuki y lamenta la desilusión de su señora. Coge al niño y acompaña a la madre a su habitación. Pinkerton y Sharpless llegan por el jardín. La sirvienta quiere llamar a su dueña pero ellos le ruegan silencio. Explica a los dos hombres que les han estado esperando toda la noche. De pronto Suzuki se da cuenta de que en el exterior hay una mujer. Es Kate, la esposa “oficial” del marino. La buena sirvienta se desespera: los días de su señora se han acabado porque no lo resistirá.

Tampoco Pinkerton puede soportar el peso de su culpa y deja al Cónsul que solucione el problema. Se despide de su casita donde fue feliz. Suzuki habla con Kate y ésta le promete que cuidará del niño como si fuera suyo. Butterfly, que ha oído ruido, se imagina que él ha vuelto. Lo busca por toda la casa y el jardín. Y se da cuenta de la presencia de Kate. Con la muerte en el alma, ruega a su sirvienta que conteste sólo con sí o no. Así llega a saber que Pinkerton ha vuelto pero no vendrá a verla y que esa mujer extraña es su esposa. Sharpless le dice que tendrá que renunciar al niño.

Cio-Cio-San está dispuesta a obedecer pues lo manda su marido, pero tendrá que ser él mismo quien venga a recoger a su hijo. Butterfly obliga a Suzuki a irse con la criatura. Luego, coge el cuchillo de su padre y lee la inscripción que hay en él: “Muere con honor quien no puede mantenerse vivo con honor”. Justo entonces, Suzuki empuja al infante hacia su madre desde fuera, con la esperanza de detener el suicidio. Ella le abraza, le da dos banderitas (una americana y otra japonesa) y le venda los ojos. Luego lo aparta y se oculta tras un biombo, donde se da muerte con el arma que le dejó su padre. En ese momento se oye el grito desgarrado de Pinkerton que la llama tres veces. Cuando entra con Sarpless, ella le señala al niño y muere.

LA GÉNESIS
Giacomo Puccini (1858/1924) llegó a ser el compositor más importante de toda una saga, iniciada en Lucca en 1712. Con él su apellido y su ciudad, se hicieron famosos en todo el mundo. Cuando abordó la partitura de la que nos estamos ocupando, Puccini ya era un músico consagrado después de haber estrenado óperas tan conocidas como “Manon Lescaut (1893)”, La Bohème (1896)” y “Tosca (1900)”.

“Madama Butterfly” fue la última escrita en colaboración con los libretistas Luigi Illica y Giuseppe Giacosa. La muerte de este último, ocurrida en 1906, rompió un equipo perfecto al que su editor, Ricordi, llamaba “la trinidad santa”. Los antecedentes del argumento se remontan a 1887. Pierre Loti, capitán de la marina francesa, incansable trotamundos y escritor, publicó una novelita autobiográfica titulada “Madame Chrysanthème”.

En ella describió, entre otros usos y costumbres del Japón, la posibilidad de contraer matrimonio temporal con una geisha. Todas las personas en tránsito eran los beneficiarios de esa medida. La relación terminaba cuando el viajero regresaba a su país de origen. Puede decirse que esta obra de Loti, contiene ya el nudo argumental de la ópera con un delicado retrato de la protagonista y rasgos diversos del futuro Pinkerton. En su época estaban muy de moda los temas exóticos y en especial, el amor entre dos culturas diferentes.

Las óperas que responden a estas características pueden ser, entre otras, “L’Africaine (1865)” de Meyerbeer, “Lakmé (1883)” de Delibes e “Iris (1898)” de Mascagni, sin olvidar “El rapto en el serrallo” de Mozart, “La italiana en Argel” y “Maometto II” de Rossini y, por último “Aida” y “Otello” de Verdi. El siguiente eslabón de la cadena para sacar el libreto de “Madama Butterfly” fue la novela del mismo nombre, publicada en 1898 y escrita por un abogado de Filadelfia, John Luther Long.

Este abogado metido a escritor, retoma el tema ya desarrollado por Loti y lo convierte en algo mucho más realista, un trozo de vida. Después de haber pasado por los dos escritores ya citados, llegamos al dramaturgo David Belasco, quién transformó en obra de teatro la novela del americano Long. La primera vez que Puccini conoció el tema de “Madama Butterfly” fue en un viaje a Londres en el verano de1900. Asistio al teatro del Duke of York y precisamente allí vio representada la obra de Belasco.

Puccini sabía apenas cuatro frases en inglés pero se conmovió tanto con el trágico sino de la protagonista, que instó a Belasco para que cediera el derecho de convertirla en ópera. Las negociaciones no fueron fáciles pues duraron un año largo. En otoño de 1901 comenzó Puccini a componer sobre el texto preparado por su fiel Illica. El editor Ricordi se convenció pronto de las posibilidades de la obra. Entonces Giacosa se puso a trabajar en los versos.

Como venía haciendo con todos sus libretos, el músico colaboró con los libretistas sugiriendo constantemente modificaciones hasta el punto que no es exagerado considerarle coautor del texto. Al comienzo de la labor, pensó escribir la ópera en un solo acto y con un prólogo. Luego la definió en dos actos para pasar definitivamente a tres. El músico, como era habitual, se documentó concienzudamente sobre el asunto. Se relacionó con la actriz dramática japonesa Sada Jacco, de gira por Italia y Francia.

Gracias a ella se familiarizó con la sonoridad del idioma y las canciones. Más tarde se procuró grabaciones, partituras y libros sobre ceremonias religiosas, costumbres y arquitectura. De repente, Puccini volvió sobre sus pasos y consideró otra vez la estructura en dos actos, argumentando que “el drama debe correr rápido a su término”. Todos se opusieron por resultar demasiado extenso un acto único de hora y media, pero el músico ganó la partida y así se hizo, aunque perdió la apuesta como luego veremos.

A finales de 1902, la ópera estaba terminada y empezó a orquestarla. Todo parecía ir bien pero un vuelco en el automóvil le produjo una rotura de tibia, varias contusiones y una semiasfixia por vapores de gasolina. Durante su estancia en el hospital se le detecto diabetes y a partir de entonces nunca volvería a estar bien del todo. La convalecencia duró ocho meses. La ópera quedo completada el 27 de diciembre de 1903, tres años después de que su autor viera la pieza teatral en Londres.

LOS ESTRENOS
La noche del 17 de febrero de 1904 en el Teatro alla Scala de Milán iba a ser muy especial pues se estrenaba con todos los honores “Madama Butterfly”, una nueva ópera del maestro Puccini. El empresario del teatro había reunido un reparto digno del evento: Rosina Storchio, Giovanni Zenatello y Giuseppe de Luca. En el podio Cleofonte Campanini.

El compositor preveía un éxito pero no contó con las envidias que suscitaba y con otros factores ajenos al valor de la música, como el hecho de que la protagonista era afín a Toscanini, muy odiado por el público de La Scala. La primera frase de Butterfly en el escenario, provocó el grito de “Esto es de La Bohéme” y dio motivo a que el público actuara del modo más grosero posible. Ni un mísero aplauso se escuchó al final de “Un vel dì vedremo”. Las imitaciones del canto de los pájaros en el amanecer de la vigilia, desataron risotadas y aullidos. No se levantó el telón ni una sola vez, después de la representación.

Puccini devolvió a la dirección las 20.000 liras recibidas y retiró la obra para revisarla. Sólo entonces reconoció que debía hacerse un intermedio entre las dos partes del segundo acto. Por no hacerlo así, se atentó contra la salud vocal de la protagonista y se abusó de la escasa paciencia del público. Estos aspectos dieron la razón a Ricordi y Giacosa, que ya se lo habían avisado al compositor.

Pero, al igual de lo que ocurrió con “La Traviata” de Verdi, nuestro “Madama Butterfly” tuvo su segunda oportunidad en Brescia el 28 de Mayo de 1904 y fue un éxito total.

Para este nuevo debut el compositor introdujo varios cambios: 1.- Pasar de dos a tres actos 2.- Abreviar el primer acto en la ceremonia nupcial 3.- Suavizar el encuentro con la esposa americana 4.- Introducir el airoso “Addio fiorito asil” y 5.- Cambiar varios detalles orquestales y melódicos. Pero aparte de esta revisión, resultó un triunfo porque el público del pequeño teatro de provincias, abrió sus oídos a la música y no a los comadreos. Se bisaron cinco números y el autor hubo de saludar diez veces al final de la obra.

Rápidamente se escenificó en los diversos escenarios mundiales. En ese mismo año de 1904, llegó a Buenos Aires. Un año más tarde se representó en el Coven Garden.

En 1906 en La Ópera Cómica de Paris, donde Puccini dio los últimos retoques a la partitura. En 1907 recorrió Norteamérica e inició la conquista del mundo entero. También en España hizo su debut este último año. Decir que la versión de París es la que habitualmente escuchamos. Tiene como característica que siendo la más corta de todas, resulta la más eficaz dramática y musicalmente. Se despojó a la obra de todo lo accesorio, quedando únicamente el conflicto de Butterfly, que, en definitiva, es lo que mantiene viva la ópera.

LA MÚSICA
Desde sus primeras obras, el compositor se mostró dueño de un lenguaje propio característico que lo hace inconfundible. Su talento creador brilló especialmente al perfilar sus personajes femeninos. No es por casualidad que siete de los doce títulos de sus óperas tengan nombres de mujer.

A excepción de Scarpia y de Gianni Schicchi, no se halla en su producción grandes retratos masculinos. Ni siquiera los citados pueden compararse con Rigoletto, Felipe II, don Carlo, Yago o Falstaff, todas de Verdi.

Puccini no quiso o no pudo hacer que se expresaran todos y cada uno de sus personajes, como lo hicieron Mozart, Verdi o Wagner. Pero los retratos de Mimì (La Bohéme), Tosca, Cio-Cio-San, Minnie (La fanciula), Angelica o Liù (Turandot), le aseguran un puesto de honor permanente entre los grandes.

Lo antedicho resulta todavía más claro en una ópera como “Madama Butterfly” que gira en exclusiva en torno a la protagonista. A ella corresponde la música más conseguida, plegada admirablemente al texto. La parte de Cio-Cio-San está llena de frases musicales memorables tales como las que acompañan su entrada en escena- recogida luego en el dúo de amor- o las asociadas con su hijo, sobre todo la canción de cuna, simple pero efectiva, y la de su despedida con las palabras “Guarda ben, amore, addio”.

Aunque la vocación operística de Puccini le nació de muy joven viendo la “Aida”, era un ferviente partidario de Wagner, cuya paleta orquestal resuena en toda su obra. Como fruto de investigaciones que hizo sobre el Japón, incluyó en “Madama Butterfly”, más o menos modificados, diversos temas originales japoneses, de los que Mosco Carner llega a identificar siete. En sentido contrario, algunas frases musicales parecen orientales y realmente son creaciones del compositor.

Puccini utilizó con mayor frecuencia la escala pentatónica, usada para dar sabor oriental a la música. Su presencia puede reconocerse en varios pasajes que preceden a la boda, en el tema de Yamadori y otros más. Salvo en momentos aislados, la atmósfera exótica estimuló la creatividad del maestro, haciendo que la música de esta ópera resulte bella pues refleja sensibilidad en cada acorde.

LOS PERSONAJES
La ópera es prácticamente de un solo personaje. La protagonista permanece en escena casi todo el tiempo, salvo un cuarto de hora al comienzo y unos diez minutos en el final.


Los protagonistas
1.   Toda la obra gira en torno a Madama Butterfly. Su presencia contínua nos dice que el perfil psicológico y dramático está bien definido. Vocalmente este papel largo, hermoso e intenso, está destinado a una soprano lírica aunque también lo han abordado, con mayor dificultad, las sopranos lírico-spinto. Es un personaje con alto contenido emocional, que evoluciona de niña a mujer, desde sus quince años a los dieciocho. Ha visto a su padre morir por exigencias del Mikado y por eso reniega de su sociedad y de su religión. Su relación con Pinkerton le ayuda a crearse un mundo aparte en el que sus únicas razones para vivir son el retorno de su esposo y el hijo de ambos. Según dice Mosco Carner: “La catástrofe va unida al carácter de la geisha, que no puede actuar de forma distinta a como lo hace. Frente a tres alternativas, matrimonio con Yamadori, regreso a su antigua profesión y la muerte, realiza la opción más valiente”. El conflicto moral planteado lo resuelve con la anulación de si misma, con lo que se transforma en una auténtica heroína, actitud bien poco corriente. Por último decir que Cio-Cio-San ve a los Estados Unidos como un ideal de modernidad, libertad y progreso.


2.   El teniente de navío norteamericano Benjamín Franklin Pinkerton, tenor lírico, ha sido cantado por los grandes tenores clásicos. Dramáticamente es un mero ejecutor de la tragedia. Esto es así en la primera versión novelada pero en la ópera es algo más, tiene mayor complejidad. Siente arrepentimiento aunque lo expresa de forma poco sincera. Es un símbolo de la prepotencia yanki, un guaperas abusón, que sabe como beneficiarse de los tratados desiguales. “En este país las casas y los contratos son elásticos”, le comenta al Cónsul Sharpless al mostrarle su hogar pretendidamente conyugal. Además le confía: “He comprado la casa por 999 años pero puedo cancelar el contrato cada mes. ¡Es fantástico!”. Pinkerton canta su filosofía sin ningún rubor: “Por el ancho mundo, el yanqui vagabundea, gozando y traficando”. Y le confiesa que después de su aventura japonesa un día se casará “en una boda de verdad y con una esposa americana”. Pinkerton es, en definitiva, un sinvergüenza integral y todavía lo era más en la versión original del estreno.

3.   El Cónsul americano en Nagasaki, Sharpless, es un papel para barítono de exigencias modestas. Se describe como un hombre noble y con sentido común, virtudes absolutamente ausentes en su compatriota. Tanto él como la sirvienta, tratan de situar a Butterfly frente a una realidad cuya aceptación supone para ella la muerte.


4.   Suzuki es la criada fiel de “Madama Butterfly”, un papel que ha de ser defendido por una mezzosoprano. Junto con Sharpless y Goro, tratan, en vano, de aproximar a la protagonista a la visión práctica de la vida, sugiriéndole que se case con el príncipe Yamadori.


5.   Goro, casamentero y alcahuete que todo lo enreda, es un rol para tenor ligero.

6.   El resto del reparto corresponde a: Príncipe Yamadori (Barítono), El tío Bonzo (Bajo), El Comisario Imperial (Bajo), El Oficial del registro (Barítono) y otros papeles menores.

FRAGMENTOS DESTACADOS
“Madama Butterfly” tiene una escritura continua sin números aislados, evitando las escenas completas. No obstante, en ese fluido melódico constante, hay algunas piezas que se han hecho justamente famosas.

  1. Cio-Cio-San y Pinkerton: Dúo de amor. ”Bimba dagli occhi pieni di malia (Niña de ojos llenos de encanto)”. El dúo puede ser el más hermoso escrito por Puccini pero es seguro que es el más extenso de la ópera italiana. También se considera el más inspirado y mejor construido. Presenta tres partes. La primera empieza con una melodía delicada y sugestiva, que sirve para tranquilizar a Butterfly. Luego un fragmento intermedio en el que oímos un eco de las amenazas del Bonzo. Y finalmente un pasaje en el que la orquesta nos habla de la paz de la noche estrellada. Termina con un característico climax pucciniano: un agudo cantado al unísono sobre un fortísimo orquestal. Este es el momento cumbre de la felicidad de la joven, mientras que para Pinkerton no es nada más que el prólogo de la consumación de sus deseos. Sus “vieni, vieni” así lo demuestran. El autor usa con sobriedad una amplia orquesta y consigue una tonalidad luminosa, cálida y vibrante, que nunca oculta las voces, sino que las proyecta e impulsa.


  1. Cio-Cio-San: Aria “Un bel dì vedremo (Un hermoso día veremos)”. Este fragmento está claramente marcado por la melodía, pero sigue la costumbre verista de iniciarse y terminar sin pausa apreciable. Empieza con un hermoso efecto a cargo del violín solista, un clarinete y el arpa. La melodía es constantemente descendente hasta la inflexión. Terminada el aria, la orquesta repite su primera frase musical en un admirable posludio orquestal. Momento muy famoso, el más popular de la obra y, seguramente, de toda la producción del compositor. Se hace muy difícil componer de otro modo esta página en la que se refleja la fe que la protagonista tiene en el regreso de su amado. La orquesta, de nuevo muy amplia, consigue, sin embargo, efectos camerísticos.
OÍR_AUDIO2_Freni

  1. Coro a boca cerrada: El segundo acto termina con un delicado coro, a modo de canción de cuna, en que sopranos y tenores cantan, fuera de escena y a boca cerrada, acompañados por una viola de amor y las cuerdas en pizzicato. Hermosísimo prólogo para la vigilia que ha de venir. Este emotivo coro de pescadores reproduce el tema de la carta pero causa un efecto más profundo. Las voces se pierden en el agudo final.
OÍR_AUDIO3

  1. Pinkerton: Airoso “Addio fiorito asil (Adiós florido refugio)”. El marino americano canta su breve fragmento que es intenso y emotivo. Fue el añadido más importante de la versión reformada. No es comparable a momentos que tienen a su cargo otros tenores puccinianos. Pero este bello airoso sirve para, siquiera en parte, redimir al irresponsable Pinkerton, al sentir vergüenza de si mismo.
OÍR_AUDIO4_Pavarotti

DISCOGRAFÍA
Para el AUDIO, una de las mejores versiones posibles:

Madama Butterfly - Giacomo Puccini 
Año de grabación…………….. 1974
Director…………….Herbert von Karajan
Cio-Cio-San .........  Mirella Freni 
B. F. Pinkerton ….  Luciano Pavarotti 
Suzuki ……………  Christa Ludwig 
Sharpless ………..  Robert Kerns 
Goro   ……………...Michel Sénéchal 
Bonze  ……………. Marius Rintzler 
Kate Pinkerton…..   Elke Schary 
Prince Yamadori … Giorgio Stendoro 
Comisario imperial   Hans Helm 
Yakuside ………….  Wolfgang Scheider 
El Registrador ……  Siegfried Rudolf Freese 
La madre ..............   Eva Maria Hurdes 
La tía .................. ..  Erna Maria Mühlberger 
La prima ...............   Martha Heigl 

Orquesta................. Wiener Philharmoniker
Coro.........................Wiener Staatsopernchor
Grabado en estudio

Y para el VÍDEO éste:
Madama Butterfly - Giacomo Puccini 
Año de producción……………. 1974
Director....................Herbert von Karajan
Cio-Cio-San ……..  Mirella Freni 
B. F. Pinkerton …..  Plácido Domingo 
Suzuki  ……………. Christa Ludwig 
Sharpless  ………… Robert Kerns 
Goro  ………………. Michel Sénéchal 
Bonze  ………………Marius Rintzler 
Kate Pinkerton ……  Elke Schary 
Prince Yamadori ….  Giorgio Stendoro 
Comisario imperial ..  Hans Helm 
Yakuside …………… Wolfgang Scheider 
El Registrador……..   Siegfried Rudolf Freese 
La madre…………..   Eva Maria Hurdes 
La tía……………….   Erna Maria Mühlberger 
La prima……………   Martha Heigl 

Orquesta……………. Wiener Philharmoniker
Coro…………………  Wiener Staatsopernchor
Escenografía...........  Jean-Pierre Ponnelle

4 comentarios:

Jorge Higueras dijo...

Estimado Don Juanba:
No sémuy bien como drigirme a Vd. Gracias, creo que voy a ser un asíduo.

Anónimo dijo...

quiero saber la edad que tenia puccini cuando hizo '' Madama butterfly''. gracias!

Juanba dijo...

La Madama Butterfly se estrenó en La Scala de Milán el 12/02/1904 y Puccini nació el 22/12/1858, así que tenía pues 46 años cuando la estrenó.
Por completar algo los datos, el estreno fue un fracaso y hubo que reestrenarla ya con éxito, el 28 de Mayo de 1904. Puccini murió en noviembre de 1924 de un cancer de garganta.
Encantado de poder atenderte

Anónimo dijo...

Querido Amigo:

Mañana veré Madama Butterfly en Oviedo. No soy ni mucho menos un experto como tú (permíteme que me tome la libertad de tutearte), he escuchado esta ópera muchas veces, disfrutado con ella, y hoy más aún con la lectura de tu texto y los detalles que desconocía sobre la composición y el autor.
Gracias a ti, seguro que mañana disfrutaré aún más de lo que esperaba.
Muchas gracias.
M.F.C