viernes, 18 de marzo de 2011

LOHENGRIN (R. Wagner)


Hoy nos toca hablar de las morcillas y no precisamente de las de Burgos o Arceniega (pueblito de Alava), que están muy buenas culinariamente hablando, con su base de arroz, sangre, cebolla, manteca de cerdo y, a veces, algún tipo de especies como canela o pimienta negra.

No, esas no son nuestras morcillas teatrales aunque, en otros tiempos, hubieran podido aliviar el hambre de algunos cómicos de provincia que recorrían nuestra geografía con escasos medios y más moral que un equipo de fútbol de cuarta regional queriendo promocionar al ascenso sin tener capacidad para ello.

Como todos sabemos, se denomina “morcilla” en el teatro a todo lo que suponga improvisación de cualquier tipo, es decir, para entendernos, lo que no está escrito en el guión y se da en el escenario.

Hay por lo menos a mi entender, dos clases de “morcillas”: las voluntarias, metidas adrede generalmente para congraciarse con el público, que tienen carácter localista y, claro está, las involuntarias, que pueden sacar de un apuro a un determinado actor, si es que tiene el ingenio suficiente para crearla.

Yo he visto el color local en casi todas las producciones operísticas que se prestan, como por ejemplo, en “L’elisir d’amore”: cuando Dulcamara vende su producto “mágico” a Nemorino y nos dice al público que es “vino de Burdeos”, ésta frase se convierte automáticamente en “vino de Rioja” cuando están en el País Vasco.

Así mismo en “La hija del Regimiento”, en la fiesta del segundo acto, el mayordomo va anunciando a los asistentes y debe decir: “La señora duquesa de Crakentorp”. Pero ese apellido tan raro se convierte en valores locales de todos conocidos: “duquesa de Neguri”, “Conde de Algorta”, “Marqués de Bilbao”, etc. Insisto que es cuando estamos en Euskadi, pero el ejemplo sirve para todos.

Aún quedaría otro tipo de suceso que no se bien si encuadraría en esta denominación. Es francamente raro pero se ha dado. Era el cuadro segundo del último acto de una representación de “Sanson y Dalila”. El sumo sacerdote del templo de Dagón, tenía que hacer dos importantes soliloquios.

En la mitad del primero, sin saberse muy bien porqué, se salió bruscamente del escenario y de la parte que tenía que cantar, sólo sonó el acompañamiento orquestal. Salió otra vez, cuando le pareció y volvió a cantar entonando su segunda aria completa. ¿Qué sería? ¿Un apretón? Dicen que fue un cabreo con alguien.

Y ahora, basta de divagaciones y vamos con la anécdota que, en este caso, protagonizó Lauritz Melchior (1890/1973), tenor danés nacionalizado americano y uno de los mejores intérpretes wagnerianos. Tuvo lugar en 1937 en una representación del “Lohengrin” en el Metropolitan de Nueva York [1] .

Melchior hacía el papel principal de la ópera de Wagner. Habían llegado, sin novedad, al momento en el que, en el tercer acto, el malvado Telramund aparece de improviso en la habitación nupcial con ánimo de matarle y apoyado por otros cuatro caballeros.

Imaginaos su profunda consternación cuando, echándose sobre el lecho para agarrar su escondida espada y defenderse, descubrió que la incompetente organización había olvidado ponerla.

Privado del arma, afrontó a un estupefacto Teramund con un golpe-gancho directo de izquierda a la mandíbula que resultó igualmente eficaz. Este es el típico ejemplo de ingenio en el escenario.

[1] Tomado del libro “Disastri all’opera” de Hugh Vikers

EL ARGUMENTO
En las riberas del río Escalda, cerca de Amberes, un heraldo convoca a las armas al pueblo de Brabante. El rey Enrique explica que antes de marchar a luchar contra los bárbaros húngaros en defensa del reino, quiere resolver la desunión existente en el seno del ducado. Y manda a Telramund, que está presente con su esposa Ortrud, que relate la razón de la disputa.

Telramund dice al Rey que fue encargado de la custodia de los hijos del último duque cuando éste murió. Un día, el hijo varón, Gottfried, desapareció mientras se encontraba sólo con su hermana Elsa. Y Telramund acusa ahora a ésta de haberle dado muerte para heredar el ducado.

Por eso renunció a su mano, casándose con Ortrud, por cuya noble ascendencia él pretende ser ahora gobernador de Brabante.

Los nobles y el propio Rey se horrorizan ante aquella acusación. El Rey manda traer a su presencia a Elsa, determinado a averiguar la verdad y a juzgar a quien sea culpable.

Ésta llega y no puede dar respuesta clara a lo que el Rey le pregunta. Relata un ensueño, ante la confusión de los presentes. En él se aparece un caballero vestido con resplandeciente armadura, como su campeón.

Telramund insiste en su versión y el Rey y las gentes de Brabante están inclinados a creerle. El monarca, entonces, decide que el caso sea resuelto por un combate entre Telramund y la persona a quien Elsa designe como defensor.

Obedeciendo el mandato del Rey, el heraldo convoca a quien quiera defender a Elsa. La llamada se repite por dos veces, pero nadie acude en defensa de la dama.

Entonces, mientras ella y las damas asistentes ruegan al Cielo, puestas de rodillas, la multitud queda atónita al ver aparecer por el río a un cisne remolcando una barca en la que viene un caballero vestido con armadura de plata.

Todos le dan la bienvenida, excepto Telramund y Ortrud; él se despide del cisne y pone el pie en la orilla. Pide permiso a Elsa para actuar como su caballero, pero impone la condición de que nunca debe preguntarle su nombre ni su origen. Llena de confianza, accede y ambos se juran amor mutuo.

El caballero es Lohengrin; avanza y reta a Telramund, cuyos amigos le aconsejan que se retire. El heraldo anuncia el combate y pide a Dios que la justicia prevalezca.

Los dos hombres luchan; Lohengrin derrota a Telramund, pero le perdona la vida. Todos aplauden la victoria y Elsa expresa su alegría; las únicas voces disidentes son las de Telramund y Ortrud.

Por la noche, y en las escalinatas de la catedral, Ortrud y Telramund rumian su derrota. Desde el palacio llegan las notas de la fiesta. Telramund se queja de su desgraciada suerte a causa de las maquinaciones de su esposa, que es una hechicera.

Ella en cambio dice a su esposo que el poder del victorioso caballero podrá ser doblegado solamente en el caso de que Elsa se vea obligada a preguntarle su nombre y su origen, o si fuese herido. Ambos determinan vengarse.

Aparece Elsa en el balcón, cantando su alegría. Ortrud hace que Telramund se marche y se dirige a ella, lamentándose de su desgracia.

Elsa dice a Ortrud que la perdona, y promete tratar de que ella y su esposo recuperen el favor real. Ortrud, ladinamente, deja caer en la mente de Elsa las semillas de la duda acerca de su caballero.

Salen las dos mujeres y aparece Telramund, que se oculta cuando, al romper el día, los trompeteros llaman al pueblo a una reunión. Llegan los nobles y ciudadanos.

El heraldo anuncia que Telramund es desterrado y que el misterioso caballero, esto es, Lohengrin, se unirá en matrimonio a Elsa. Es nombrado Guardián de Brabante y conducirá a los brabantinos a la guerra.

La multitud aclama los reales decretos. Sin embargo, cuatro nobles, amigos de Telramund no se muestran propicios a ser mandados por Lohengrin. Telramund, desafiando el decreto, se presenta ante ellos para que lo oculten y así no tener que marcharse al destierro.

Cuatro pajes anuncian la llegada de Elsa y su cortejo de damas. Cuando están a punto de entrar en la catedral, aparece Ortrud, diciendo amargamente que Elsa ha usurpado el lugar que le correspondía a ella, y se mofa por no conocer el nombre del caballero con el que va a casarse.

Elsa, atónita, replica que tiene entera confianza en él, pero Ortrud continúa y lo califica de traidor. Llega entonces Lohengrin con el Rey y consuela a Elsa, pero ahora es Telramund el que, osadamente, se hace presente.

Al principio todos rehúsan escucharle, pero él insiste en que Lohengrin descubra su personalidad, pues de otro modo, sospecha que su origen puede ser diabólico.

Despreciativamente, Lohengrin rehúsa dar una respuesta. Sólo Elsa puede obligarle a hablar, dice; y se da cuenta de que está profundamente turbada.

Ortrud y Telramund se felicitan por haber puesto dudas en Elsa: ésta manifiesta su deseo de saber quién es Lohengrin. Por un momento, Telramund logra hablar con Elsa contra Lohengrin, pero éste la toma del brazo y todos entran en la catedral.

En la cámara nupcial y a los sones de una marcha, entra Elsa entre un grupo de damas y Lohengrin, acompañado de otro de nobles y del propio Rey. La pareja pronto queda a solas.

Cantan tiernamente su amor, pero cuando Lohengrin pregunta su nombre a Elsa, ella se entristece al no poder saber el nombre de él. Lohengrin dice que no le pregunte, pero insiste cada vez más impetuosamente diciendo que presiente el día en que el cisne regrese y se lleve a Lohengrin con él.

En el momento más álgido se abre repentinamente la puerta de la cámara y entra Telramund con sus cuatro amigos. Con un solo golpe, Lohengrin da muerte a Telramund, y los cuatro acompañantes se postran de rodillas ante él.

Dice a Elsa que la felicidad de ambos se ha acabado y llama a las damas para que lleven a Elsa a presencia del Rey, ante el cual él va a decir quién es.

La escena tiene lugar ahora en las orillas del Escalda, donde están reunidos el Rey y los nobles. Es por la mañana temprano y todos se preparan para marchar a la guerra. Entran los cuatro nobles portando el cadáver de Telramund, seguidos de Elsa, consternada, y de su séquito de damas.

Finalmente, aparece Lohengrin, quien dice al Rey, para desconsuelo de todos, que no puede ponerse al frente de los soldados, y que Elsa ha quebrantado el voto que había hecho y le ha preguntado su nombre y su origen.

Y descubre su secreto: es un caballero del Santo Grial, de nombre Lohengrin, hijo de Parsifal, y ahora que su secreto ha sido revelado ha perdido su poder y debe regresar.

Y reprocha a Elsa, que está anonadada al darse cuenta de que todo se ha roto entre ellos. Desesperada, le pide que no la abandone, y el Rey y el pueblo se unen a su petición.

Pero Lohengrin no puede quedarse. Predice una gloriosa victoria para las armas alemanas; entonces aparece el cisne, arrastrando una barca vacía. Lohengrin le saluda, abraza a Elsa en una tierna despedida, entregándole la espada, el cuerno de caza y el anillo, para que se lo dé a su hermano Gottfried si alguna vez vuelve.

De repente aparece Ortrud con aire de triunfo. Dice a Elsa que ella transformó a Gottfried en un cisne, el cisne que ahora sirve a Lohengrin; si Lohengrin hubiera podido quedarse también habría podido devolver a Gottfried a su estado natural, pero ahora la oportunidad se ha perdido.

Lohengrin se arrodilla y reza. En respuesta a su plegaria, aparece una paloma sobre su embarcación. El cisne se sumerge en las aguas del río y aparece Gottfried. Mientras Ortrud ruge de rabia.

Los ciudadanos de Brabante vitorean a Gottfried, quien desde ahora les gobernará. La paloma conduce la embarcación, en la que va Lohengrin. Mientras, Elsa, que lo ve marchar, cae exánime en los brazos de su hermano.

EL AUTOR
Richard Wagner (1813/1883) recibió muy pronto las influencias artísticas de su familia, especialmente de su padre adoptivo Ludwig Séller, que era actor y pintor, y de sus hermanas Rosalie (actriz) y Klara (cantante).

Sus estudios musicales los dedico al violín y al piano y en ninguno de los dos destacó. Además siguió cursos de teoría de la música y varias clases con Theodor Weinlig, cantor de Sto. Tomás de Leipzig.

Por otro lado, su afición a la literatura clásica desarrollo en él una vocación de escritor, que pudo aplicar a sus libretos ya que, en todas sus óperas, es el autor tanto del texto como de la música.

Su carrera profesional comenzó a los veinte años como director de coro en Würzburg. Trabajaba además en algunos teatros provincianos, con un público modesto, donde compuso sus primeras óperas: “Las hadas”, “La prohibición de amar” y “Medida por medida”.

A los veintitrés años se casó con la actriz Minna Planer. Pero pronto tuvo problemas económicos y amorosos, ya que ella no pudo soportar la modestia de aquella vida en común. Las deudas se fueron acumulando y cuando estaba de director de coros en Riga, decidió huir de allí dejando sin pagar a sus acreedores.

En este célebre y tempestuoso viaje por mar concibió la idea para “El holandés Errante”. Llegó a Paris con “Rienzi” al estilo de la grand-ópera de Meyerbeer. Su estancia en la ciudad luz fue un autentico fracaso y se vio en la cárcel por moroso. Para subsistir tuvo que hacer transcripciones para piano de algunas de las óperas más famosas.

Fue la ciudad de Dresde la que acogió el estreno en 1842 de “Rienzi”, con mucho éxito. También esta misma ciudad estrenó “El holandés errante (1843)” y el “Tamhäuser (1845)”, ambas con poca acogida de público.

Por su participación activa en los hechos revolucionarios de 1848, fue obligado a exiliarse en Suiza y desde allí siguió la première de “Lohengrin (1850)” en Weimar (Alemania). En Suiza trabajó en varios escritos entre los que sobresale “Ópera y drama”.

La amistad con Matilde Wesendonck, se transformó en un idilio apasionado. Su amor imposible, pues era casada, dio lugar a “Tristán e Isolda (1865)”. Previamente, en 1862, había sido amnistiado.

Por esta época se produjo el encuentro con el que iba a ser su más incondicional protector: el rey Luis II de Baviera, llamado en la historia “el rey loco”. Canceló todas sus deudas que, como siempre, eran muchas, y se erigió como benefactor, cambiando verdaderamente su vida, al no tener ya agobios económicos.

Para entonces ya estaba con otra pareja, Cósima Liszt, hija del famoso compositor y se instalaron en una villa a orillas del lago de Ginebra donde les iba a visitar Nietzsche (recordemos el caso Wagner ya comentado en “Carmen”).

En 1868 estrenó “Los maestros cantores de Nuremberg”. Tras largos años de convivir con Wagner, Cósima se casó con él en 1870, después de divorciarse de su marido y habiendo muerto Minna, la primera mujer del compositor.

En 1872 consiguió poner la primera piedra a su teatro de Bayreuth y se terminó en 1874. Se trata de un edificio pensado expresamente para representar la “Tetralogía”, es decir las óperas: “El oro del Rhin”, “La Valkiria”, “Sigfrido” y “El ocaso de los dioses”. Se inauguró en 1876 con éxito de crítica pero con fracaso económico.

Esta “Tetralogía” es obra de toda una vida y en la que trabajó de modo intermitente hasta finalizarla poco después de la edificación del Teatro. En 1882 se estrenó su última ópera, Parsifal, pero para entonces, el músico había tenido un ataque al corazón (1881) y un segundo ataque poco después.

Se trasladó a Venecia para intentar mejorar su salud, ya por entonces muy deteriorada. Allí murió el 13 de febrero de 1883 de una afección cardiaca.

LA OPERA
“Lohengrin”, sigue siendo la ópera más popular de Wagner. Su romanticismo refinado ayudó a que ganara rápidamente el afecto de los públicos de habla alemana. Pasó luego a los teatros de otras zonas lingüísticas y culturales como la menos difícil para la mentalidad latina.

Adaptada al italiano, quedó incorporada al repertorio de todos los tenores líricos como si fuera una obra belcantista.

Es curioso observar que su archipopular marcha nupcial, a cuyos acordes han desfilado millones de recién casados, después de jurarse amor para toda la vida, en la ópera precede a la ruptura de la pareja formada por Elsa y Lohengrin.

Pero en realidad esta ópera, junto con “Parsifal”, es la obra más misteriosa que escribiera el teutón pese a la cristalina claridad de la música.

Posee una iridiscencia azulada o argentina, producida por el sutil tratamiento de los violines y el empleo de las maderas a tres. Esta belleza sensorial acentúa la melancolía de su mensaje de despedida pues es la cima y el final de la ópera romántica alemana.

La inspiración para realizarla le vino a Wagner estando en la bañera donde hacía su inmersión diaria en el balneario de Marienbad. Era junio/julio de 1845 pero el caldo de cultivo se remonta a 1843 cuando estaba organizando su biblioteca de Dresde, especializada en historia y leyendas alemanas antiguas.

Para superar el estado de irritación en que le ponía la cura hídrica, releía los poemas de Eschenbach y la epopeya anónima de Lohengrin. Pronto se impuso la necesidad de dar salida a la ebullición espiritual causada por estas lecturas.

Las cosas sucedieron deprisa pues en agosto ya estaba redactada la primera versión en prosa. El 17 de noviembre Wagner la leyó a su círculo de colegas y amigos y todos le preguntaron sobre la posibilidad de un final feliz, hasta tal punto que le hicieron dudar. Consultado con Liszt, éste le dijo que el final que había pensado era el único posible.

Los primeros bosquejos compositivos se iniciaron el 15 de mayo de 1846 y los finalizó el 30 de julio. La segunda fase, llamada bosquejos orquestales, la abrió el 9 de setiembre y la partitura completa quedó terminada un año y medio después.

Quizás lo más destacable sea que compuso la música de atrás hacia delante, es decir escribió primero el tercer acto, luego el segundo, para acabar con el primero y el preludio. Seguramente se debió a que quería afianzar el final y de ahí derivar todo lo demás.

La decisión y el coraje personal de Franz Liszt, consiguió que en Weimar se estrenara la obra el 28 de agosto de 1850, estando ausente su autor, pues se había refugiado en Suiza por haber participado en la revolución de Dresde.

Parece que los medios fueron muy modestos y se tiene referencia de que la orquesta la componían treinta y siete músicos, cuando la partitura exige ochenta y siete.

Terminaremos con unas palabras de Ángel Fernando Mayo (1939/2003), eminente crítico musical especializado en Wagner: “Lohengrin ocupa su lugar en la suma de la historia de la ópera y en el proceso creador de su autor. No es una obra maestra como lo son Tristán e Isolda y Los maestros cantores, pero sí es una obra con misterio, mágica, plena de poesía, como corresponde a su nostálgico viaje de despedida por un mundo de adolescencia individual y cultural- como lo fue el romántico- que en 1850 ya había quedado periclitado”.

LOS PERSONAJES
Lohengrin, escrito para tenor dramático con momentos muy líricos que matizan la anterior clasificación. Como personaje no se conoce nada de él salvo lo que se ve obligado a desvelar: hijo de Parsifal y caballero del Grial. Se erige en defensor de la causa de Elsa de Brabante para acabar casándose con ella.

En los albores de la dramaturgia wagneriana, dos españoles, Julián Gayarre y Francisco Viñas, destacan como intérpretes de este personaje. El último de ellos en su debut en Barcelona en 29 de noviembre de 1903, cantó una parte de su papel en catalán con lo que desató con este gesto los ánimos de los fervientes wagnerianos, alcanzando su mayor triunfo. A destacar también como el primer tenor heroico a Lauritz Melchior y en nuestros días a Plácido Domingo.

Elsa de Brabante, junto con la Elisabeth de “Tannhäuser” y la Eva de “Los maestros cantores”, forman la trilogía de grandes papeles escritos por Wagner para soprano lírica. Es princesa de Brabante, sobrina de Friedrich Telramud y hermana del desaparecido Gottfried. Enamorada de Lohengrin, consigue casarse con él pero lo deja escapar por la curiosidad de saber su origen y esto será finalmente su perdición.

Ortrud es la naturaleza más fascinante en esta obra. Su partitura está escrita para soprano dramática o para una mezzosoprano con voz poderosa y agudos certeros. Su magnífica presencia y lo atrevido de su caracterización vocal, con intervenciones endemoniadas, han atraído siempre a grandes trágicas del canto.

Maga pagana cuya secreta intención es eliminar la fe cristiana. Casada con Telramud, le hace creer que Elsa es culpable. Es ella la causa de la desaparición de Gottfried. Como curiosidad puede decirse que Wagner la mantiene en escena sin cantar durante cincuenta minutos.

Telramund es un personaje original. La tesitura es la normal de un barítono de carácter pero su parte presenta grandes dificultades: declamatorio casi en su totalidad, requiere un gran dominio de la pronunciación alemana por la vehemencia en la exposición. Es un noble fuerte y rudo que sin embargo, en manos de su mujer Ortrud se convierte en un juguete. No resulta fácil recrear en toda su complejidad esta criatura violenta y engañada.

El rey Henrich es un papel para bajo y es el más convencional de la obra. Una figura paternal y autoritaria como corresponde a su carácter vocal. Es la autoridad máxima en Brabante y viene a dirimir el pleito entre Elsa y sus tíos.

El Heraldo es un rol para barítono con intervenciones destacadas y vistosas que pueden promocionar a un cantante que está empezando su carrera. En Bayreuth ha tenido a veces intérpretes de lujo que lo han aceptado como complemento de otras intervenciones más importantes.

FRAGMENTOS DESTACADOS
En “Lohengrin” se tiende al todo continuo que caracterizará a las óperas posteriores, siempre buscando “la melodía infinita”, pero aún es posible aislar algunos grandes momentos que se han hecho justamente famosos:

1.- Preludio Acto I: Indudablemente es la pieza de mayor calidad musical y poética. Su gran novedad es romper con la forma de obertura-popurrí. Aquí hay una verdadera tarjeta de visita del poeta-músico con un único tema en proceso de crescendo, punto culminante o clímax y diminuendo.

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2.- Elsa: El sueño- “Einsam in trüben Tagen- (Sola en confusos días)”. A las preguntas del rey sobre su hermano, Elsa responde con el relato de un sueño. Este airoso consta de tres estrofas insertas en la acción, siendo la primera la que cumple la vieja función de recitativo.

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3.- Lohengrin: Canto al cisne- “Num sei bedankt mein liebre Schwam- (Gracias mi querido cisne)“. Cuando salta a tierra nuestro héroe, sus primeras palabras son de agradecimiento al cisne por haberle traído. Es un bello airoso lírico, cuya gran dificultad procede de que ha de cantarse piano y casi sin acompañamiento.

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4.- Preludio Acto III: Brillante y vigoroso es descriptivo de la alegría de la fiesta de esponsales. Se trata de una pieza aislable que se interpreta a menudo en conciertos. Su verdadera función consiste en establecer el contraste entre el bullicio general y la intimidad de los desposados.

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5.- Coro: Marcha nupcial- “Treulich geführt- (Fielmente guiados)”. Quien canta esta conocidísima marcha es un séquito de hombres y mujeres. Esta música ha sufrido tantas transformaciones que resulta difícil verla como lo que es, una bella y delicada composición en conmemoración de una boda.

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6.- Lohengrin y Elsa: Dúo de amor- “Das süsse Lied verhallt- (Alejase el suave canto)”. El dúo es extenso, posee gran belleza lírica y conserva e impulsa la línea dramática de la obra ya que desde el principio se advierte en Elsa el desasosiego y el temor.

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7.- Lohengrin: Racconto- “In fernem land- (En lejano país)”. Así comienza el célebre relato del caballero. Muy esperado por su intrínseca belleza, ha sido cantado en el teatro, en recitales y para el disco por casi todos los tenores líricos o lírico-dramáticos, de escuela alemana o italiana. Es así una de las piezas más universales del repertorio operístico. No exige grandes alardes, pero si demanda una media voz que corra con fluidez y gran musicalidad para atender los matices expresivos con squillo noble y heroico.

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DISCOGRAFÍA
Para el AUDIO esta grabación acreditadísima:
Lohengrin - Richard Wagner
Año de grabación: 1962
Director……………..Rudolf Kempe
König Heinrich …. Gottlob Frick
Lohengrin ……….. Jess Thomas
Elsa ……………… Elisabeth Grümmer
Telramund ………. Dietrich Fischer-Dieskau
Ortrud ……………. Christa Ludwig
Heerrufer ………… Otto Wiener
Orquesta ………….. Wiener Philharmoniker
Coro ………………. Wiener Staatsopernchor
Grabado en estudio

Y para el VIDEO éste, donde brillan los protagonistas, aunque la escena sea algo pobre:
Lohengrin - Richard Wagner
Año de producción: 1991
Director……………..Claudio Abbado
König Heinrich ….. Robert Lloyd
Lohengrin ………… Plácido Domingo
Elsa ………………. Cheryl Studer
Telramund ……….. Hartmut Welker
Ortrud ………………. Dunja Vejzovic
Heerrufer …………… Georg Tichy
Erste Edler ………….. Bojidar Nikolov
Zweite Edler ………… Franz Kasemann
Dritte Edler …………. Claudio Otelli
Vierte Edler …………. Peter Köves
Orquesta …………….. Wiener Staatsoper
Coro ………………….. Wiener Staatsopernchor
Grabado en directo

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