martes, 19 de abril de 2011

LA VALQUIRIA - DIE WALKÜRE (R. Wagner)

Hoy vamos a aprovechar este pequeño preámbulo, para hablar un poco de la figura del director de orquesta. Ya sabéis que esta es una forma, como otra cualquiera, de comenzar. Se hace con el fin de que empecemos la lectura de nuevas óperas lo más relajadamente posible, con anécdota incluida.

La misión principal del director de orquesta es “Concentrar en una única persona, las distintas formas en que se puede interpretar una obra” y también es “la persona que se encarga de coordinar los distintos instrumentos de una orquesta”. Es su responsabilidad: llevar el compás, indicar la entrada a cada instrumento o grupo, marcar los acentos y llevar a cabo cualquier instrucción incluida en la partitura. Además debe coordinar los ensayos y resolver disputas y desacuerdos.

Los primeros directores fueron los clavicembalistas y también los primeros violines de la orquesta. Con la evolución de estas últimas, la función de dirigir tuvo que encomendarse a alguien que no tocara instrumentos. Para dirigir, el director se vale normalmente de un utensilio llamado batuta que es una especie de palo pequeño. Además de este medio, también utilizan los gestos como sistema de comunicación.

En la antigüedad, los directores llevaban el ritmo golpeando el suelo con un bastón. Tal es el caso de Lully, florentino afincado en Francia, donde se convirtió en uno de los músicos más famosos de su tiempo. Dirigía con un gran bastón. En una ocasión se golpeó con él. Y de eso murió pues se le gangrenó la pierna. Sabemos que la música no es una ciencia exacta. Hay diversos grados de interpretación distinta en cada partitura. Dependen pues de cada director. De ahí que de una misma obra existan grabaciones más “largas” en tiempo que otras.

Palabras que en música son corrientes, como Adagio, Allegro, Rubato, Forte, Piano, etc., no son más que meras indicaciones conceptuales, aunque quizás la costumbre haya impuesto el modo en que se tienen que abordar. Una ayuda para marcar el tiempo es el metrónomo, instrumento que sirve para indicar el ritmo. Beethoven fue uno de los primeros compositores en usarlo. En sus partituras consignaba la velocidad a que debían tocarse, traducida a las medidas del aparato.

Bueno, ya está bien por hoy: si se quiere, otro día ampliaremos la cuestión. Ahora nos dedicamos a la anécdota, sucedida al director de orquesta y compositor de origen austriaco Felix von Weingartner (1863/1942). Parece ser que este director tenía bastante mal genio y sucedió lo que vamos a contar en una representación de “La Valquiria” en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona.

Los incidentes entre el maestro director y los músicos son frecuentes en el teatro y los conciertos. Siempre debe haber un pacificador en estos conflictos pues pueden pesar desagradablemente sobre los resultados artísticos. Tal es el caso de una representación de “La Valquiria”. Al llegar el momento culminante en que el tenor arranca del tronco del árbol la espada de Wotan, se subraya con el tema correspondiente en “fortissimo”, a cargo de la trompeta. El profesor encargado de este instrumento, no entró cuando debía hacerlo.

Weingartner, furioso, golpeó violentamente con el pie el entarimado de su atril pero era ya tarde para evitar la catástrofe, que había deslucido de forma lamentable página tan hermosa. El maestro no sólo se negó a salir al proscenio una vez terminado el acto, sino que no quería proseguir la representación. Acusaba al músico de haber procedido a sabiendas.

El profesor se defendía protestando que el maestro sufría frecuentes distracciones y no le había dado oportunamente la entrada. El entreacto se prolongaba con la natural impaciencia del público y el conciliador, sudaba lo indecible para que Weingartner depusiera su intransigente actitud. Al fin, le convencieron y entonces se produjo el milagro. Los músicos estaban excitados. Weingartner, colérico.

El maestro, hecho una furia, se dirigió a su puesto de mando, empuñó la batuta y con un brío arrebatador atacó el segundo acto. Pues a pesar de la situación, dicho acto tuvo aquella tarde una ejecución soberbia en todos los conceptos. El mal genio, uno de los atributos de Wagner, pasó como una ráfaga poderosa por la orquesta y el resultado fue, en verdad, sorprendente.

NOTA: La anécdota ha sido tomada de: “El Gran Teatro del Liceu visto por su empresario”.

ARGUMENTO
Interior de la choza de Hunding. Siegmund, agotado, entra buscando protección de la tormenta. Al momento lo ve Sieglinde y le da de beber. Luego le cuenta que la casa pertenece a su esposo. El hombre quiere huir, pero ella le ruega que se quede. Aparece Hunding, que lo acepta y le pregunta quién es. Siegmund vacila al tener que decir su nombre. El marido observa que el forastero tiene un parecido extraordinario con su mujer.

Siegmund comienza su relato diciendo que es hijo de Wälse y que tiene una hermana gemela. Un día, al volver a casa con su padre, se encontraron a la madre muerta, la casa quemada y ninguna señal de la hermana. Luego perdió de vista a su progenitor y desde entonces vaga de un sitio a otro del bosque. Hace poco intentó evitar que raptaran a una doncella que sus hermanos querían casar a la fuerza. La liberó, tras matar a los hermanos. Pero la joven le denunció, y se vio rodeado por los parientes.

Hunding dice que los muertos eran también de su familia y aunque esa noche puede estar tranquilo por la hospitalidad que se debe a un forastero, al día siguiente tendrán que pelearse. Luego ordena a su esposa que le prepare la cena. Sieglinde introduce una pócima en la bebida de su marido para que éste duerma. Al ir a retirarse mira a Siegmund y clava la vista en el tronco de árbol que sostiene la choza.

El joven piensa en la espada que le prometió su padre y que nunca ha encontrado. El fuego se apaga, pero con sus últimos rescoldos ve un brillo especial en el tronco donde clavó su mirada la mujer. Ella vuelve y dice que ha reconocido su historia como propia: los dos son los hermanos gemelos del relato. Cuenta también cómo un desconocido, el día de su boda, incrustó en el tronco una espada que nadie ha podido sacar.

El que la libere será su salvador de las garras de Hunding. Siegmund comprende que está destinado para conseguir la espada. La saca sin ninguna dificultad del tronco. Ahora puede enfrentarse a su enemigo. De repente, se abre la puerta. Hace una espléndida noche de primavera. La tormeta ya ha pasado. Sieglinde confiesa el irresistible enamoramiento por su hermano, desde que le vio por primera vez.

Los gemelos deciden huir juntos. Se alejan rápidamente de la casa, enloquecidos por el amor que les embarga. En un claro en medio de las montañas, Wotan instruye a su hija predilecta, Brünnhilde, para que defienda y haga ganar a Siegmund en el combate con Hunding. La valquiria le previene de que Fricka, su esposa, se acerca de muy mal humor. Exige a su marido el dios que castigue el incesto de los hermanos, ya que es contrario al vínculo del matrimonio que ella protege.

Wotan finge inocencia y dice que debería sentirse orgullosa, ya que es amor lo que existe entre los gemelos. Fricka le echa en cara sus devaneos con Erda- diosa de la tierra- y con la madre de los enamorados. Wotan trata de explicarle que sólo un héroe humano será capaz de devolver el oro robado del Rin. Fricka le recuerda que ella se juega su estimación como diosa, si no castiga la injuria cometida contra el amor conyugal.

A Wotan no le queda más remedio que sacrificar al futuro héroe. Su airada esposa le exige además que retire la protección de Brünnhilde a Siegmund. Cuando se marcha, el dios recibe a su hija lleno de ira contenida. Ella trata de apaciguarlo con el cariño filial y le pregunta la razón de tanta cólera. Entonces Wotan cuenta la historia del oro del Rin y cómo Erda vaticinó el fin de los dioses. Para colmo de males, Alberich- el ladrón del oro del Rin- ha tenido un hijo que seguirá luchando contra el poder divino.

Sólo un héroe humano será capaz de recuperar el anillo que guarda el gigante Fafner, convertido en dragón, en un bosque. Este héroe deberá actuar por propia voluntad y sin la ayuda de nadie. Wotan no puede influir porque así lo ha prometido. Siegmund hubiera sido ese héroe, pero se ha ganado el odio de Fricka al haber injuriado el amor conyugal. Añade que su hija no podrá proteger más a Siegmund, pues éste debe morir. La Valquiria se opone tercamente.

Al marcharse, aparecen los dos gemelos,  agotados por la larga fuga. La joven quiere continuar sola para no entorpecer la marcha, pero su hermano y amante no le deja. Sieglinde, por el cansancio, se queda dormida. En este momento aparece Brünnhilde e informa a Siegmund que va a morir. Su misión será llevarle, después de muerto, al Walhalla, junto a Wotan y los demás héroes y dioses. Le dice asimismo, que Sieglinde está embarazada y dará a luz a un niño.

El hombre pregunta, si en ese Walhalla verá a su amada. La Valquiria aclara que no. Él desearía renunciar a todas las glorias divinas con tal de quedarse al lado de su esposa. Siegmund decide que si él tiene que morir, prefiere matar a su amada pues ella no tiene a nadie que la cuide. La hija de Wotan se conmueve ante este testimonio, le convence para que no lo haga y se ofrece a cuidar de su mujer y del futuro hijo que espera.

Siegmund vuelve a quedarse sólo y acaricia a su mujer que está soñando. De repente se oyen cuernos de caza. Entiende que es Hunding y va inmediatamente en su busca. Al encontrarse, se pelean. Siegmund es protegido por el escudo de Brünnhilde y ésta le anima a que lo atraviese con la espada. Pero Wotan, interpone su lanza y la espada se quiebra en dos partes, momento que aprovecha Hunding para herir de muerte al héroe.

Luego, el dios, sumido en el dolor por la muerte del que iba a ser su paladín, mata al que le dio muerte con un gesto. Viendo el sesgo que han tomado las cosas, Brünnhilde coge a Sieglinde, la monta en su caballo y recoge los pedazos de la espada rota. Wotan sale en persecución de su hija. En la cumbre de una montaña rocosa, las valquirias se reúnen, arrastrando los cuerpos de los héroes que han muerto. Formarán parte del ejército de los dioses. Desde esta cumbre las walkirias emprenderán el camino al Walhalla.

Esperan a Brünnhilde que aún no ha llegado. Seguidamente aparecen ella y la joven gemela. Cuenta que Wotan le persigue airado por haberle desobedecido. Ha huido con Sieglinde para preservar al futuro hijo que lleva en sus entrañas, fruto del amor de los dos hermanos. Sieglinde desea morir (todavía no sabe que está embarazada) pero la Valquiria le vaticina que de su seno nacerá un hijo cuyo nombre será Siegfried. Él forjará de nuevo la espada. La joven, radiante de felicidad, huye hacia el bosque donde habita Fafner.

Aterrorizadas y ocultando a Brünnhilde entre ellas, las valquirias reciben al airado Wotan. Éste les obliga a que se retiren, quedándose sólo con la hija desobediente. Entonces ella le explica su proceder y afirma que, en el fondo, cree que ha obrado de acuerdo con su deseo. El dios comprende que tiene razón y va cediendo en su ira. Con benevolencia creciente se dirige a su hija preferida y le comunica que tiene que castigarla. Un beso servirá para hacerle perder su carácter divino. Esto la dejará a merced de cualquier mortal.

Ella ruega que no la abandone en brazos de cualquiera, ya que es digna de un héroe. Por eso pide que la rodee de un círculo de fuego que, únicamente el más valiente de los hombres, se atreva a cruzar. Wotan accede. Mientras se despide de su hija y hace que caiga en un profundo sueño, convoca a Loge. Y crea en su derredor, con la lanza, un círculo de fuego. Wotan se aleja tristemente de allí.

LA TETRALOGÍA
“El anillo del Nibelungo”, está compuesto por cuatro óperas: “El oro del Rin”, “La valquiria”, “Sigfrido” y “El ocaso de los Dioses”. El conjunto de todas se denomina tetralogía, siendo la primera y la última, el Prólogo y el Epílogo de la historia. A las otras dos se las llama primera y segunda jornada o parte.

“El anillo del Nibelungo (Der Ring des Nibelungen)”, es la obra de una vida, la de Richard Wagner, uno de los artistas más característicos del siglo XIX. Antes de llegar a concebirla, recorrió los duros caminos de un músico joven. Después le acompañaría siempre en su vida errabunda de creador, tratando de imponer sus obras al público.

En esta lucha salió triunfador en Bayreuth, la pequeña ciudad francona donde echó raíces y congregó a la aristocracia y la burguesía para la inauguración de su propio teatro, en 1876, precisamente con el estreno de la Tetralogía. Esta es, brevemente, la génesis del “Anillo”.

A  partir de 1845 y mientras componía “Lohengrin”, el músico se dedicó a la lectura de la historia y la épica germánicas. Estudiaba el “Cantar de los Nibelungos” y las obras históricas, lingüísticas y narrativas de los hermanos Grimm, pues eran las bases del nacionalismo alemán.

En 1848 decidió escribir el ensayo “Los wibelungos. Historia universal desde la leyenda”. Esta curiosa pieza sirvió de preparación para “El mito de los Nibelungos” y para el poema “La muerte de Siegfried”. Ambos textos fueron la base de su futura tetralogía. Por la revolución de Dresde en mayo de 1849, tuvo que exiliarse a Zurich y allí vivió hasta agosto de 1858.

En esa ciudad publicó la mayor parte de sus escritos y especialmente “Ópera y drama”, donde aparecen ya conceptos como “obra de arte total”, “drama musical” y “leitmotiv”. Formulada la teoría que había sido creada expresamente para sus nibelungos, se puso a aplicarla de forma decidida.

En noviembre de 1851 esbozó “La Valquiria” que dejaría terminada en 1856 y durante el año siguiente le tocó el turno a “El oro del Rin”, concluido en 1854.
En 1857 estaban compuestos casi dos actos de “Siegfried” pero interrumpió el trabajo y no volvió a retomarlo hasta 1868. Este intervalo de tiempo se debió, según sus propias manifestaciones, a que pensaba que no iba a poder verla representada en los teatros. En 1864 fue llamado por el joven rey Luis II de Baviera y quedaron resueltos sus graves problemas económicos.

La terminación de “Siegfried", coincidió con el nacimiento de su tercer hijo el 6 de junio de 1869. La creación de la última ópera del ciclo, “El crepúsculo de los Dioses” corrió pareja con la edificación del teatro de Bayreuth. A medio camino entre Berlín y Munich, esa población pareció el lugar idóneo para levantar el teatro de los festivales donde iba a representarse de forma adecuada todas las óperas del ciclo.

A finales de abril de 1872, Wagner y su familia se trasladaron a Bayreuth. En una colina en pleno campo y al norte de la ciudad, el músico puso la primera piedra al teatro el 22 de mayo de 1872. Dos años más tarde, el 21 de noviembre de 1874, concluyó la partitura de “El crepúsculo de los Dioses”. Los primeros ensayos de la tetralogía se realizaron en agosto de 1875 mientras se estaba construyendo el teatro que fue llamado  Festspielhaus. En tanto esto sucedía, los obreros seguían trabajando en él.

El compositor había cumplido sesenta y dos años y hacía veinticuatro que había comenzado a componer esta gigantesca obra. El anuncio de tres ciclos completos del “anillo” que comenzaron a mediados de agosto de 1875, atrajo a mucha gente importante de la realeza, la aristocracia, la cultura, la música, la crítica, la dirección de orquesta y la clase media acomodada.

Hubo muchos problemas con el alojamiento y el servicio de restaurante fue una pesadilla. Musicalmente, las representaciones tuvieron buen nivel pero existieron abundantes fallos escenográficos. Wagner no volvió a ver ni a dirigir el “anillo” en Bayreuth pues el déficit del festival (148.000 marcos) fue tan importante como para imposibilitar la repetición de la aventura. Un antiguo cantante metido a empresario, pidió permiso al compositor para que le autorizase a organizar una “Compañía Wagner” ambulante que tuviera como repertorio el ciclo completo.

Así se estrenó en Leipzig, Hamburgo, Breslau y Berlín. El músico acudió a esta última ciudad para presenciar dos series enteras. Su atención estaba centrada en concluir “Parsifal” y en reabrir el Festspielhaus para estrenarla, lo que sucedió el 26 de julio de 1882. El final de su vida estaba ya muy próximo. Wagner se instaló el 18 de setiembre de 1882 en el Palacio Vendramin de Venecia para pasar el invierno. Tras una serie de episodios cardiacos, murió el 13 de febrero de 1883.

El compositor, autor de sus propios libretos,  creó para el “anillo” un texto muy condicionado por la formulación de conceptos, el impulso del relato y la acción. Es muy austero y seco en la expresión. Allí no hay literatura ni poesía en un sentido estricto. En cambio, la música, nacida de la declamación melódica de ese texto, es, con mucho, la más moderna de su época. Lo más característico en ella, lo que asegura la unidad del ciclo y le presta su peculiar fisonomía, es el “leitmotiv”.

Se entiende por tal, a una serie de breves diseños rítmicos o melódicos asociados con personajes, pasiones, símbolos, estados emocionales y otros elementos de la acción. En el “anillo”, los expertos han identificado más de doscientos. Pero no todos tienen la misma importancia y muchos son derivados de otros a los que se llama “leitmotiv generador”. Se pueden citar como derivados más conocidos: el del Walhalla, la espada, la llamada de Siegfried, el sueño mágico, la maldición y las valquirias.

Se consignan ahora los generadores: asociaciones con la naturaleza, las hijas del Rin, el gozo del oro, el anillo, la lanza de Wotan, el amor simbolizado en la diosa Freia, etc. porque hay muchísimos. Aparte de su representación musical, existen en el “Anillo” una serie de animales y cosas que tienen simbología. Citaremos sólo las que no se han relacionado todavía: Cuervos (aves de Wotan que anuncian la muerte), Manzano de oro (crece en el jardín divino cuidado por Freia. Su fruto da inmortalidad y juventud), Martillo (atributo del dios Donner. Sirve para desencadenar a las fuerzas naturales) y Yelmo (al que lo posee le vuelve invisible).

Wagner trabajó en el “anillo” durante casi una treintena, por lo que, al ser años de experiencias y evolución, su música también evolucionó con él pero consiguió, no obstante, preservar la unidad estilística. Pese a la “melodía infinita”, en el ciclo hay bellas cimas líricas como “la canción de la primavera”, el “Dúo de amor” o “los murmullos de la selva”. Y también grandes panorámicas como la “cabalgata de las valquirias”, el “viaje de Siegfried por el Rin” y la “marcha fúnebre”.

LA ÓPERA
De las cuatro obras que componen el “anillo”, “La Valquiria (Die Walküre)” es, sin duda, la más conocida. Son pocas las óperas que pueden comparársele pues tiene un lirismo que impacta. De acuerdo con la mitología nórdica, las Valquirias son las mensajeras de Wotan. Su nombre hace referencia a su principal ocupación: transportar héroes caídos en combate desde el campo de batalla al Walhalla (Paraíso de los guerreros). Son nueve divinidades femeninas hermosas y guerreras, semejantes a las amazonas griegas. Se las representa como vírgenes audaces que cabalgan por el aire, presenciando los combates.

Sus nombres se relacionan con la actividad bélica. Brünnhilde, la más famosa, significa "armadura" y "combate". El Walhalla germánico recuerda a los Campos Eliseos de la mitología griega y es una de las partes en que está dividido el mundo subterráneo. Con “La Valquiria”, el compositor llegó a la cima de sus creaciones dramáticas y musicales. Pero no es en la narración donde reside el mayor mérito sino en la música. El final de esta obra es uno de los momentos de mayor intensidad poética y emotiva de todas las que componen el ciclo.

El primer acto es el “acto de amor” que termina con el encuentro amoroso de Siegmund y Sieglinde y representa uno de los mayores logros del compositor.
Pocos, aparte de Wagner, han podido expresar el amor, con todos los detalles físicos y anímicos, de una manera tan sugestiva y sublime. La lírica musical del afecto que va brotando entre los dos hermanos gemelos, es distinta a la de la naturaleza o al melódico estilo de los personajes mitológicos, que podemos encontrar en otras partes del “anillo”.

La música, mediante amplias evoluciones que se entrelazan formando “la melodía interminable”, tiene una armonía “erotizada” y nos dice de la pasión que está empujando a los amantes al abrazo mutuo. Dos tercios de “La Valquiria” se desarrollan en “una montaña rocosa y agreste”. Allí se encuentra ese mundo vacío y lóbrego de los dioses, condenados al ocaso. La “Cabalgata de las Valquirias” es uno de los fragmentos más difundidos de la tetralogía. Fue popularizada por Coppola en la película “Apocalypse Now”.

La grandeza de estos acordes se basa en ciertos instrumentos de metal que hasta entonces no se habían oído nunca: ocho trompas (dos de las llamadas “tubas de Wagner”), dos tubas, una tuba contrabajo, tres trombones y un trombón contrabajo. La heroína que da nombre a la primera jornada o parte de la tetralogía (“La Valquiria”), no aparece hasta el segundo acto, se llama Brünnhilde y es una amazona armada como el resto de sus hermanas.

Dentro de su grupo ocupa una posición excepcional porque es la hija predilecta de Wotan. Personifica el deseo más íntimo del Dios, su inconsciente. Cuando entra por primera vez en conflicto con su padre, en su resistencia se refleja la falta de armonía interior de Wotan. Al ser castigada por la desobediencia, se produce su expulsión como ángel caído del Walhalla. En apariencia se somete a la sentencia de su padre. En realidad, la hija purifica al padre.

Hace presente a Wotan que se sintió muy incómoda ante la queja humana y ante el amor de unos corazones libres. Esta fue la única razón por la que se rebeló. En la última escena de “La Valquiria”, el dios Wotan se despide de sus sueños de juventud. Y también dice adiós a un orden del mundo gobernado por los dioses. Él va renunciando a los planes de mantener el poder. Se va abriendo a la convicción de que debe llegar un nuevo orden donde ellos, como deidades, no van a tener cabida.

LOS PERSONAJES
Son casi innumerables los personajes del “anillo” y, por tanto, de “La Valquiria”. Trataremos a continuación de relacionar a los principales con su característica vocal y una breve descripción de quien es en esta historia.

BRÜNNHILDE: La mayor de las valquirias, colaboradora fiel y entusiasta de su padre, el dios WOTAN. Su madre es ERDA, diosa de la tierra profundamente sabia. En el epílogo (“El ocaso de los Dioses), será la esposa de SIEGFRIED. Para soprano dramática de gran fuerza, potencia y resistencia para afrontar momentos de gran tensión vocal.

WOTAN: El Dios padre germánico que ha creado en la tierra la estirpe de los Wälse con sus hijos SIEGMUND y SIEGLINDE y su nieto SIEGFRIED. Para bajo-barítono o barítono, con grandes escenas que requieren calidez humana y autoridad.

SIEGMUND: Hijo de WOTAN con una mortal, hermano gemelo y enamorado de SIEGLINDE. Padre de SIEGFRIED. Para tenor dramático. Es más breve y requiere menos fuerza que su equivalente en la segunda jornada. Por eso lo abarcan, a veces, tenores spinto.

SIEGLINDE: Hija de WOTAN con una mortal, hermana gemela y enamorada de SIEGMUND, aunque la casaron con HUNDING. Madre de SIEGFRIED. Para soprano dramática con momentos líricos.

FRICKA: Esposa de WOTAN, diosa del amor y del matrimonio. Para mezzosoprano o soprano.

HUNDING: Hombre primitivo del bosque que se casó con SIEGLINDE por la fuerza. Es descendiente de los gigantes. Para bajo de voz oscura.

OCHO VALQUIRIAS: Para cuatro sopranos y otras cuatro mezzosopranos. Se renuncia a poner sus difíciles nombres.

FRAGMENTOS DESTACADOS
En esta ocasión y por constituir la música un discurso continuo, se hace mucho más difícil el seleccionar momentos. Aún así, vamos a intentarlo.
  • Preludio: Interesante pieza orquestal que representa una tormenta, con el insistente y obsesivo sonar de la cuerda, que crea tensión y sólo se atenúa al final, dando a entender que ha terminado el temporal.
  • Siegmund: Monólogo. “Ein Schwert verhiess mir der Vater (Me prometió mi padre que una espada….)”. Nuestro héroe se queda sólo, sumido en profunda meditación y con una gran agitación interior. Este Monólogo tiene dos partes principales. La primera es un lamento por no haber conseguido todavía la espada que le prometió su padre. Luego, al observar un destello en el tronco, lo confunde con la mirada de su amada.
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  • Siegmund: Canción de la primavera. “Winterstürme fichen (Las tormentas invernales cedieron)”. La tormenta ha cedido, la luna llena ilumina la estancia. Siegmund abrazando a Sieglinde, canta esta deliciosa pieza que bien podía pasar por un lied, inserto en la acción dramática.
  • Final Acto I: “Siegmund  heiss ich (Siegmund me llamo)”. Sieglinde acaba de ponerle nombre a su amante. Hasta entonces le conocía como “conductor del infortunio”. Termina el acto en un gran clímax lírico-épico. Siegmund coge fuertemente el puño de la espada e invoca su nombre, “Nothung (Necesaria)”, para arrancarla de un poderoso tirón. Aparece en la orquesta entonces, en toda su plenitud, el “motivo de la espada”.

  • Cabalgata de las valquirias: Este pasaje es, desde luego, el más conocido de la obra. La partitura describe los salvajes gritos de las vírgenes guerreras y las figuraciones del cabalgar, del vuelo y del descenso. Predomina el rítmico motivo de las valquirias.

  • Final. Wotan: “Loge hor! (Loge oye)”. La obra termina con una monumental página que, por su excesiva duración, no se presenta entera. Tan sólo se aporta la conclusión, cuando Wotan pide a Loge para que surja como fuego y rodee el paraje donde ya duerme la Valquiria. El dios se aleja lentamente y desaparece a través del fuego. La orquesta crea la atmósfera con varios temas recurrentes. En el famoso “encantamiento del fuego”, las ardientes llamas se representan con un motivo extremadamente inquietante (flautín y seis arpas). Este motivo queda prácticamente envuelto por rápidos pasajes de instrumentos de arco, mientras que los de madera y el carillón, sirven para imaginar la rápida expansión del fuego.

DISCOGRAFÍA
Nos quedamos con este AUDIO:
Die Walküre - Richard Wagner 
Año de grabación…………….. 1965
Director……………………Georg Solti
Siegmund ………………  James King 
Hunding ………………..  Gottlob Frick 
Wotan …………………..  Hans Hotter 
Sieglinde ……………….  Régine Crespin 
Brünnhilde ……………..  Birgit Nilsson 
Fricka …………………..  Christa Ludwig 
Helmwige ………………  Berit Lindholm 
Gerhilde  ………………. .Vera Schlosser 
Ortlinde  ………………… Helga Dernesch 
Waltraute ………………  Brigitte Fassbaender 
Siegrune  ……………….. Vera Little 
Grimgerde  ……………… Marilyn Tyler 
Schwertleite …………….  Helen Watts 
Rossweisse   …………….Claudia Hellmann 
Orquesta……………. Wiener Philharmoniker
Grabado en studio

Para el VÍDEO:
Die Walküre - Richard Wagner 
Año de producción……………… 1992
Director…………………..Daniel Barenboim
Siegmund ……………..  Poul Elming 
Hunding  ………………. Matthias Hölle 
Wotan  ………………… John Tomlinson 
Sieglinde  ……………… Nadine Secunde 
Brünnhilde  ……………. Anne Evans 
Fricka  ………………….. Linda Finnie 
Helmwige ……………..  Eva-Maria Bundschuh 
Gerhilde  ………………. Eva Johansson 
Ortlinde   ………………..Ruth Floeren 
Waltraute  ……………… Shirley Close 
Siegrune  ………………. Linda Finnie 
Grimgerde   ……………..Birgitta Svendén 
Schwertleite ……………  Hitomi Katagiri 
Rossweisse  …………… Hebe Dijkstra 
Orquesta……………… Bayreuther Festspiele
Grabado en directo